viernes, 29 de mayo de 2015

…se pica (III)

Una de las visitas obligadas en Tailandia son los famosos mercados flotantes. Son una especie de mercadillos ambulantes en los que, en lugar de llegar en furgoneta, los vendedores están a la orilla de los canales o bien en barcas y la mejor manera de moverse es en barca también.



Estas barcas se mueven gracias a estos motores que no sé cómo manejan pero consiguen meterse en sitios plagados de barcas y gente.



Aquel día me llevaron a conocer dos mercados flotantes. El primero de ellos, de donde son las fotos anteriores, fue el de Damnoen Saduak. Este sitio era un laberinto de canales con tiendas en las orillas donde poder comprar de todo pero también vendían cosas en pequeñas barcas.




En la foto anterior se pueden ver dos tipos de bebidas, la de la izquierda creo que es fácil de conocer, lo de la derecha son cocos a los que les hacían un corte con un machete, les metían una paja y a beber. Para ser honesto, quizá el agua de coco sea muy sana pero sigo prefiriendo la bebida de la izquierda.

En general, disfruté bastante la fruta. Siendo un país tropical, había mucha variedad pero además tenían muy buen sabor y, en comparación con Japón, donde una manzana puede costar más de un euro, eran bastante baratas. No sé por qué pero me llamó bastante la atención la fruta de la siguiente foto. Es como una especie de pomelo enorme pero mucho más dulce. Lo malo es que no recuerdo el nombre.


También me gustaron bastante los plátanos, más pequeños y mucho más densos que los canarios a los que estamos acostumbrados. Además de la fruta y recuerdos de todo tipo también se podían tener algunas experiencias como hacer caramelo de coco (creo recordar que era coco).


O los más atrevidos podían aventurarse con estas pequeñinas.


Claro que en sitios como estos, estas serpientes puede que estuvieran bastante sueltas, no sé yo.


El segundo mercado al que fuimos se llamaba Amphawa.



Como podéis ver, este mercado también estaba lleno de barcazas pero los canales eran un poco más amplios. Aquí llegamos para comer… sí, por supuesto, no pueden faltar fotos de comida.



Lo del plato de abajo son unas navajas, cosa que precisamente había comido en Asturias estas navidades aunque en aquel caso eran a la marinera y estas eran un poco más picantes. Había bastantes restaurantes a los lados de los canales pero también se podía comprar comida en las barcazas y bien comerla a los lados del canal o bien en los restaurantes si se pedían más cosas, claro. La comida de las barcazas la hacían allí mismo.


También se podía tomar un café hecho en este cacharro. Parece café de pota de los de antes.


Allí pasamos el resto de la tarde hasta que llegó el atardecer.



Entonces cogimos una barcaza para dar una vuelta por el río. La particularidad de este paseo es que se podían ver luciérnagas en los árboles de las orillas. Se veían muchas pero yo creo que en algún caso eran led porque se veían demasiado claramente. Intenté hacer algunas fotos pero no quedaron muy bien ya que el río no se paraba para que yo pudiera hacer mejores fotos. Al menos la siguiente desde la barcaza no quedó tan movida.


A ver si termino el viaje por Tailandia en la próxima entrada, que para lo corto que fue no se necesita tanto tiempo para contarlo.


Besos para ellas y abrazos para ellos.

jueves, 30 de abril de 2015

…se pica (II)

Como siempre, espero a final de mes para escribir aquí y entonces tengo que hacerlo a toda prisa con lo que no queda muy bien. Así que lo que voy a intentar es escribir entradas un poco más cortas pero un poco más a menudo.

Tras salir del templo del que hablé en la entrada anterior me monté en uno de los famosos tuk-tuk.


Hay que reconocer que es toda una experiencia montar en un vehículo de estos. El tráfico en Tailandia es bastante caótico aunque no tanto como se suelen ver en los vídeos de India y otros sitios parecidos. De todas maneras, lo que sí es una experiencia es montar en uno de los moto-taxis que están por todos lados. Esto son ciclomotores en los que uno se puede montar como si fuera un taxi aunque son incluso un poco más caros que los tuk-tuk y los taxis normales porque son más rápidos. El problema es que sólo los conductores llevan casco así que ir montado a la aventura. Al menos yo me monté como es debido porque mi amiga iba de falda y lo hizo en plan amazona. Supongo que es todo cosa de acostumbrarse.

Precisamente usamos las moto-taxis el primer día del congreso porque íbamos un poco tarde. Ese primer día despaché mi presentación y por la noche nos hicieron una recepción en la que hubo baile tradicional.



Yo no entendí nada pero al menos en aquella terraza con una temperatura agradable todo parecía bastante bien.

Al día siguiente fui con mi amiga a su pueblo porque era una manera de ver una Tailandia un poco diferente y tampoco me daba tiempo de ir a conocer la Tailandia de los complejos turísticos y de las playas paradisiacas que todos tenemos en mente. Antes de llegar a su pueblo pasamos por un templo conocido en la zona, el Laung Po Sothorn. El caso es que hay un templo bastante nuevo pero la gente sigue yendo al viejo, será que somos animales de costumbres.


La foto anterior es del interior. No me quedó muy bien porque no quería tomar muchas fotos. Lo que se suele hacer en este templo son donaciones, como estos huevos.


Estaba lleno de ellos y los dejaban allí. Supongo que no tienen miedo de que nadie se los lleve porque con el calor que hacía no creo que aguantaran mucho sin estropearse. Uno podía pedir también algún deseo.


En este caso se reza un poco y luego se empieza a menear el bote de los palos hasta que cae uno solo del mismo. Cada palo lleva un número que se corresponde con los números de una cajonera donde hay unos papeles con oraciones o con predicciones de futuro. A mí ya no me acuerdo de qué me tocó. También se puede poner una vela, como en todo templo que se precie en cualquier lugar del mundo ¿por qué nos fascinará tanto eso de quemar cosas, velas, incienso, libros…?


Después de salir de este templo fuimos a comer algo, que ya era hora. Y también es hora de que pusiera yo algo de comida por aquí, que ya la gente me preguntaba por el título de estas entradas, sí, es por la comida y por el picante que en algunos casos era exagerado.


El plato grande de la derecha es una especie de tortilla de ostras que estaba muy buena. En realidad no es una tortilla, no sé si ni siquiera lleva huevo, es una especie de pasta hecha con harina y otras cosas. Lo del plato de la derecha del todo creo recordar que era cerdo rehogado bastante picante. El plato con más verde era una especie de fideos de arroz con carne y, para terminar con lo más extraño, lo del plato de la izquierda son cabezas de pato a la brasa.

Después de comer fuimos al pueblo de mi amiga y nos dimos un masaje de piernas, que es bastante típico en Tailandia. Después volvimos a Bangkok, así que lo dejo de momento aquí.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

viernes, 27 de marzo de 2015

...se pica (I)

En enero tuve la posibilidad de hacer un pequeño viaje gracias a que fui a un congreso en Tailandia. Mi jefe no podía pagarme el viaje pero a mí me interesaba ir, primero porque era un congreso internacional y segundo porque tenía ganas de visitar a mi amiga tailandesa… quizá el orden de preferencia era al revés. De esta manera, llegué a un acuerdo con el jefe: él me pagaba el congreso y yo el viaje y la estancia y así acabamos contentos los dos.

Mi visión de Tailandia puede estar un poco nublada porque me moví siempre con mi amiga y porque los sitios por los que anduvimos eran bien turísticos o bien cerca de la universidad. La impresión que me dio fue la de que se trata de un país con muchas ganas de situarse en el pelotón de cabeza dentro de las economías asiáticas pero con ciertas rémoras como las diferencias sociales, que se hacen notar incluso pasando poco tiempo allí, y la corrupción. Además, a pesar de ser una monarquía constitucional, cada poco tienen revueltas y el ejército toma la presidencia. Además, el rey y la familia real son omnipresentes en forma de enormes fotos, letreros, murales, anuncios… incluso en las escuelas tienen que cantar todos los días himnos sobre las bondades del rey. Éste, con 87 años, lleva en el trono desde 1946 y no se sabe muy bien quién puede ser el que tome el relevo puesto que sus hijos varones están envueltos en escándalos varios. Todo esto a mí me da un tufo a autoritarismo que no me gusta nada.

Dicho esto, la visita me gustó bastante aunque como no estuve mucho tiempo, tampoco hice muchas cosas, prácticamente me limité a Bangkok y alguna zona cercana. La gente y la comida, que es lo que más conocí, me gustaron bastante.

Bangkok es una ciudad bastante grande, con mucha gente y un tráfico caótico en el que las señales están casi de recomendación más que de obligatorio cumplimiento y si encuentras un hueco te metes sin importar la velocidad, ni la de los demás ni la propia. En parte me recordó a Madrid en hora punta, la jungla de asfalto.

El primer día visité el Wat Phra Kaew, el templo budista más importante de Tailandia donde se encuentra un buda de esmeralda. Como curiosidad, decir que Wat significa templo así que si se dice el templo Angkor Wat, se está repitiendo la palabra “templo” (aunque el Angkor Wat está en Camboya se dice igual que en tailandés). El Wat Phra Kaew se encuentra en un complejo muy grande con otros templos secundarios, pagodas y palacios reales conocido todo ello en inglés como The Grand Palace. El complejo fue establecido en 1782. Es un sitio muy curioso pero difícil de entender con las imágenes que pondré aquí puesto que todos los edificios están muy juntos y no hay mucho espacio para sacar fotos. Además, en el interior de los edificios no está permitido hacer fotos así que quedará todo un poco cojo. Si queréis conocer más, podéis encontrar más cosas por internet.


La anterior foto es de lo primero que se ve nada más entrar al complejo. La siguiente es de un modelo del Angkor Wat. La verdad es que tiene pinta de ser impresionante.


A continuación van un par de fotos de edificios. La mayor parte de ellos estaban recubiertos de innumerables pequeños cristales.



La siguiente es una foto del buda de esmeralda. No es muy buena puesto que en realidad no se podían sacar fotos en el interior del templo así que la saqué desde fuera apurando el antivibratorio del objetivo de la cámara y dándome codazos con la gran cantidad de gente que había en todo el templo pero especialmente en este punto.


El siguiente es un guardián de los que había por todo el complejo.


Y el que viene a continuación es uno de verdad. Creo que pertenece a la guardia real y va un poco al estilo de la guardia real inglesa, vamos, que no se puede mover y uno se puede sacar fotos con ellos.


Pongo la siguiente imagen para ver la similitud con los templos de Nikko que visité ya hace muchos años. Los templos de Nikko son de influencia china y estos templos también. Es lo que tiene estar al lado de un gigante como China, la influencia va a llegar a todos lados.


Y aquí tenemos otro guardián, un elefante.


De momento lo voy a dejar aquí porque en breve me tengo que ir a coger el tren. Se han alineado unos cuantos planetas y mi padre se decidió a venir a Japón, así que esta vez mi madre vendrá acompañada para hacer una visita. Con un poco de suerte veremos los cerezos en flor en algún sitio de Japón.

Besos para ellas y abrazos para ellos, pero más para mis padres.

viernes, 27 de febrero de 2015

…sigue viendo caer hojas

Me doy cuenta de que cada vez tengo más cosas atrasadas. El mes pasado terminé por fin con la ascensión del Fuji. La excursión merecía unas cuantas entradas pero la verdad es que se ha hecho bastante largo. Me gustaría continuar y pasar página un poco rápido pero antes tengo que hablar de la última visita que tuve el año pasado. La verdad es que fue un año en el que tuve muchas visitas lo cual es bastante inusual teniendo en cuenta la distancia que hay entre España y Japón tanto en distancia como en sentido económico, que no es precisamente un viaje barato.

La última visita llegó a Sendai a principios de noviembre, justo para venir a ver el kouyou. En este caso se trató de una amiga de hace ya muchos años y su novio. Una vez más, una amiga que me llegó gracias al karate.

Pasaron varios días en Sendai pero la verdad es que no tuvieron mucha suerte con el tiempo, les llovió bastante pero eso no les detuvo en su afán por conocer diferentes sitios en Japón. Juntos fuimos a ver Matsushima donde fuimos a ver el Entsu-in. Como llovía no pudimos disfrutar mucho la visita y no hice apenas fotos, así que es mejor que ponga el enlace a las que hice dos años antes.

La otra visita que hicimos juntos fue a ver Naruko-kyou. Hace ya tres años estuve allí en el viaje de invierno con el laboratorio. En realidad en aquel viaje fuimos a esquiar y a Naruko-onsen. En este caso fuimos a ver un sitio bastante famoso para ver los colores del otoño. La pena es que por un lado, al estar más al norte incluso que Sendai, los colores ya estaban un poco pasados y, como todo aquel fin de semana, estuvo lloviendo también allí. Por suerte y para el bien del blog, un año antes ya había estado allí y tuve mucha suerte porque hizo muy buen tiempo y los colores estaban en su mejor momento, así que os puedo enseñar algunas fotos.




Como podéis ver, el sitio es en realidad una garganta (kyou) bastante profunda. Hace tiempo se podía caminar por el fondo pero tras el terremoto del 2011 se dañaron varias pasarelas y creo que aún no las reconstruyeron.

También hay una línea de tren que pasa por allí. Es una línea regular pero hay un tren turístico que parece una antigua máquina de vapor. No sé si es una imitación o un tren antiguo de verdad, pero me gustaría montar en él de todas maneras. Lo llegamos a ver pasar pero no me dio tiempo a sacar ninguna foto.

Para no faltar a las viejas costumbres, la comida es algo que no puede faltar. Esto que os pongo aquí son una especie de truchas que están muy buenas. Yo nunca lo comí, pero la imagen se parece a las fotos que vi de los espetos malagueños. Se espetan las truchas en las estacas y se hacen a la brasa sobre una mesa recubierta de arena. No es una playa del sur de España pero están muy buenas.


Ellos hicieron otra visita desde Sendai, en este caso a Hiraizumi y luego continuaron su viaje por Japón. Fue muy exhaustivo planeado todo por mi amiga hasta el último detalle, así que si queréis tener un idea de cómo aprovechar al máximo dos semanas en Japón, mejor os ponéis en contacto con ella.


Besos para ellas y abrazos para ellos.

viernes, 30 de enero de 2015

…va de cráter en cráter (V)

Con esta entrada empieza el año en el blog, aunque ya es casi febrero. A ver si voy terminando con la serie de los cráteres porque ya va demasiado tiempo.

En la anterior entrada nos había bajado por fin del Fuji. Esa noche nos quedamos de nuevo en Mishima y al día siguiente, de camino a Sendai, paramos en Kamakura, una pequeña ciudad a 50 km al suroeste de Tokio. Es una ciudad bastante concurrida por turistas no sólo por la gran cantidad de templos que tiene (fue capital de Japón entre 1185 y 1333) pero también porque tiene playa y muchos tokiotas van a pasar el día al sol. Además, aquel día fue un sábado de julio, así que había mucha gente en la estación y nos resultó muy complicado encontrar sitio para dejar las maletas para poder visitar cosas por allí. Un consejo, si no se encuentra sitio en las taquillas automáticas de la estación (no suele haber consigna vigilada), se puede ir a las tiendas de alrededor, en este caso a una tienda de alquiler de bicicletas, y dejar allí las maletas por un precio parecido al de las taquillas.

Entre que no llegamos temprano y el problema de las maletas, empezamos un poco tarde el paseo por la ciudad así que no dio tiempo a visitar muchas cosas ya que teníamos que coger el shinkasen para llegar a una hora prudencial a Sendai. Además, los dos templos más importantes quedan relativamente lejos de la estación y en direcciones opuestas.

La primera parada fue el Kotoku-in, un templo budista donde se encuentra el Daibutsu, que se puede traducir como El Gran Buda y no es para menos porque, aunque no es el mayor de Japón, es un buda de 11.4 m de altura terminado de esculpir en 1252.


En realidad, estaba cubierto antiguamente por un edificio pero éste fue destruido por un tsunami en 1495 y no se reconstruyó. El pobre estaba pasando bastante calor porque tenía abiertas las espaldas.


Volviendo hacia la estación pasamos cerca de la costa para echar un vistazo a la playa, aunque no teníamos tiempo para darnos un baño.


El segundo templo que visitamos fue el Tsurugaoka Hachiman-gu, el santuario sintoísta más importante de la ciudad.


Una vez que se llega arriba las vistas sobre la ciudad son bastante guapas, especialmente sobre una calle ancha que conecta el santuario con la zona de la estación.



En medio de esta calle había un paseo a la sombra de cerezos que aliviaba un poco el calor que hacía (hablar de esto cuando al otro lado de la ventana está cayendo la primera nevada gorda del año es un poco contradictorio).


Volvimos a la estación para coger el tren para volver a Sendai donde los intrépidos escaladores del Fuji pasaron un par de días. Como era fin de semana, alquilé un coche para ir a enseñarles el lago Okama del que hablé hace ya bastante tiempo, pero la suerte no acompañó como en aquella ocasión.


Como podéis ver, nos teníamos que sujetar para que el viento no nos llevara y el lago estaba tapado por la niebla. Al no poder ver nada aquí, nos dimos la vuelta pero a media altura de la montaña ya estaba despejado, así que aproveché para tomar esta panorámica.


Después fuimos a un onsen para recuperarnos del frío que pasamos por el viento y la lluvia y también para descansar nuestras cansadas piernas después del ascenso al Fuji (no fue para tanto pero no hay como buscar la menor excusa para ir a un onsen).

Los viajeros continuaron su periplo por Japón, no sin dejarme sus abrazos, las buenas experiencias junto y, no menos importante, un poco de jamón y chorizo, que un español tiene que sobrevivir en estos lugares alejados del bendito producto ibérico (era producto de Huesca, pero sigue siendo de la península y está igual de bueno).

Por fin termino el recorrido entre cráter y cráter que me llevó de Jeju en Corea a Sendai. Ahora ya me podré poner con otras cosas.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

¡Ah, y Feliz Año a todos!