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jueves, 25 de febrero de 2016

...recibe la mejor visita (VI)

Realmente no me acuerdo de dónde fueron mis padres cuando les dejé los días libres al llegar a Sendai. Creo que descansaron un poco y se dedicaron a recorrer un poco Sendai. El viernes por la tarde yo alquilé un coche y fuimos a ver algo que ya tenía ganas de hacer desde hacía bastante tiempo. Como se suele decir, Japón es el País del Sol Naciente. Antes de seguir con el viaje voy a enredarme un poco con el lenguaje, cosa que me gusta hacer de vez en cuando.

Japón se escribe en kanji como日本, leído Nihon o Nippon (de ahí que a los japoneses se les llame también nipones). Cada kanji tiene en japonés varias posibles pronunciaciones. 日 se puede leer como nichi, que significa día o también como hi que significa sol. 本 se lee como hon que puede significar libro pero también significa origen. Poniendo todo junto, 日本 viene a ser el Día del Libro o bien Origen del Sol, claro que quedaba mucho más poética la segunda transcripción. Por otro lado, para la explicación del origen del nombre de Japón encontré dos posibilidades principales. Una de ellas es que 日本 en chino se lee como Cipan y si se añade el Reino o Impero de Japón, entonces se lee como Cipanguo, que pasó después a leerse como Cipango, término que utilizó Marco Polo y luego pasó a ser Jipango. Otra posible explicación es que 日 también se puede leer como Jitsu y si se junta a 本, al final se lee como Jippon, pero esto no tiene mucha credibilidad ya que esa pronunciación nunca la usaría un japonés.

Bien, después del tostón del lenguaje, sigo con la entrada. Lo que yo tenía ganas de ver era salir el Sol en Japón, ya que aquí es donde se supone que lo hace. Uno podría decir que no es cosa difícil, basta con levantarse pronto o quedarse hasta tarde, depende de cada uno. Pero lo que yo quería era verlo desde la costa, verlo levantarse desde el mar. Esto tampoco debería haber sido muy difícil ya que la costa este me queda a menos de diez kilómetros. Pero ya sabéis lo que suele pasar, uno deja lo más cercano para más adelante porque parece que se puede hacer en cualquier momento y, al final, nunca se hace. Siempre recuerdo que la primera vez que visité Santander, a menos de 200 kilómetros de Oviedo, fue el día que salí de España en el ferry para ir a Inglaterra.

Volviendo al tema, el viernes fuimos a un hotel que está cerca de Minamisanriku, un sitio del que ya hablé hace algo más de dos años. Al parecer, el hotel es bastante conocido pero estuvo cerrado durante bastante tiempo tras el terremoto. Es un típico hostal japonés o ryokan (旅館 el primer kanji, ryo, significa viaje y el segundo, kan, significa edificio, así que todo junto coge sentido). En estos ryokan, aunque no siempre, suelen tener también onsen naturales y creo que en este caso sí que lo era, pero lo que lo hacía más impresionante es que el baño exterior (rotenburo) daba a un pequeño acantilado sobre una bahía y se podía ver salir el sol desde allí. En el mismo hotel, el día anterior, ponían la hora exacta del amanecer. El problema es que dentro del onsen normalmente no se pueden sacar fotos ya que si hay alguien más, está como le trajeron al mundo y no se iba a tomar muy bien lo de que le saquen fotos de esa guisa.

Por lo menos, desde la habitación teníamos las mismas vistas así que puedo poner algo aquí para que no sea todo letra en la entrada.


La foto anterior está tomada el día que llegamos pero el atardecer no es el fuerte de la zona. Lo que sí había era una buena población de gaviotas que se acercaban a saludar.


Al día siguiente yo me levanté muy temprano para intentar ver la salida del sol pero el problema es que uno no puede asegurar el tiempo que va a hacer así que estaba un poco nublado y no pude ver un amanecer limpio del todo. De hecho, la vista era mucho más guapa un poco más tarde cuando el sol ya se había levantado un poco más sobre la línea del horizonte.


Ese mismo día, de vuelta hacia Sendai, fuimos a ver Genbikei, una pequeña garganta donde un río de aguas claras se acelera al juntarse las orillas.


Después fuimos hasta Ishinomaki, donde está la réplica del barco San Juan Bautista del que ya hablé en la entrada que comenté antes.

De momento lo voy a dejar aquí, que mis padres tenían que descansar.


Besos para ellas y abrazos para ellos.

domingo, 15 de diciembre de 2013

…se sube a un barco

Fe de erratas: Menos mal que tengo a los fieles del blog para tirarme de las orejas cuando me equivoco. 
Primero, aunque me salva el diccionario de la RAE por los pelos, donde pongo misionario debería decir misionero, que es más común (sí, me viene del inglés missionary).
Segundo, a pesar de que el viaje fue bastante largo, la expedición de la que hablo en la entrada llegó a Sanlúcar de Barrameda en 1614 y no en 2014.
Tercero, simulador es masculino así que debo de poner "un simulador" y no "una simulador".
Muchas gracias por las aportaciones a la familia Lorente-Aragüés.

El año se va acabando y cada vez me cuesta más actualizar el blog, pero por lo menos he conseguido lo que me había propuesto, poner una entrada al mes como mínimo.

Hoy voy a hablar de un pequeño viaje que hice hace casi un mes. Con unos amigos decidimos alquilar un coche por un día (aún no hablé de cuando conseguí la convalidación del carnet de conducir) para ir a Ishinomaki, una población a unos 50 kilómetros al norte de Sendai. Es una de las poblaciones que más sufrieron los efectos del tsunami de 2011 pero aquí quiero hablar de otra cosa. Fuimos a ver el barco San Juan Bautista, que acaban de terminar de restaurar.


Este barco es una réplica del barco en el que viajó Hasekura Tsunenaga en 1613 para establecer relaciones con España y El Vaticano, enviado por Date Masamune, el fundador y daimyo (señor feudal) de Sendai. Probablemente habréis oído hablar de la conmemoración de los 400 años de relaciones entre Japón y España. Hace unos meses, el príncipe japonés viajó a España y se vio con su homólogo allí, mientras que hace poco Rajoy estuvo en Japón, visitando Fukushima (sí, cuando decía que no había problema mientras en la tele salía por debajo que había habido una nueva fuga de agua en la tristemente famosa central).

Trataré de resumir un poco la historia, a mí me parece interesante pero puede resultar un poco tedioso (si es así, os podéis saltar los siguientes párrafos). Se considera a Hasekura Tsunegaga como el primer embajador japonés en Europa pero no tuvo mucha suerte que digamos. Él y sus hombres viajaron entre Ishinomaki y Acapulco (situado de aquella en Nueva España), donde parece que se lo pasaron muy bien. Luego cruzaron México y embarcaron para España en Veracruz. Llegaron a Sanlúcar de Barrameda en 2014. El embajador logró audiencia con Felipe III en Madrid quien, ante la petición de establecer relaciones comerciales entre España y Japón, respondió que se lo pensaría pero primero Hasekura tenía que unirse al cristianismo, así que lo bautizaron como Felipe Francisco Hasekura. La comitiva pasó varios meses en España. Entre otras cosas, fueron los primeros japoneses que vieron una corrida de toros. Tras un tiempo, se marcharon en dirección al Vaticano, donde llegaron en 1615. El Papa Pablo V aceptó la oferta de enviar misionarios a Japón pero lo de la decisión sobre el comercio lo dejó para el rey de España.

Hasekura decidió volver a Japón siguiendo el camino contrario. A su paso por España, el rey le dijo que no había trato porque no consideraba oficial la comitiva ya que durante el largo viaje de Hasekura el regidor japonés, el shogun (señor de los señores feudales que tuvieron el poder por encima del emperador durante varios siglos) Tokugawa Ieyasu había mandado expulsar a los misionarios cristianos de Japón.

Viendo su suerte, Hasekura siguió su camino de vuelta dejando atrás a varios de sus hombres en Coria del Río porque unos cuantos se habían enamorado (no sé si de aquella era también de la comida o sólo de las mujeres). Muchos conocen la historia del apellido Japón que aún se conserva por el sur de España. Además, creo que hay un proyecto para cruzar el ADN de esa gente con bases de datos en Japón para saber si hay todavía familiares repartidos en ambos países.

Hasekura llegó a Japón, tras pasar por México y Filipinas, en agosto de 1620. Allí se encontró con un panorama muy diferente, el shogun había muerto y el nuevo, su hijo Tokugawa Hidetada, perseguía más fuertemente a los cristianos. Hasekura continuó siendo cristiano en secreto. Tras su muerte, su familia y sirvientes fueron acusados de cristianos y los ejecutaron en 1637.

Dejando ya el rollo histórico, el museo no es que sea gran cosa pero tampoco desmerece una visita. Hay una simulador en el que se pone una película sobre el viaje mientras los asientos de mueven al son de las olas del mar. Lo malo son los actores, como el capitán del barco que se suponía que era español pero el actor era italiano, con el consiguiente acento en las cuatro frases que dice.  No le echo la culpa al actor sino a los productores, pero bueno, no creo que esperen muchos visitantes españoles.

Lo que sí me daban ganas era de montarme en el barco y zarpar en busca de España, pero eso mejor lo dejamos.


Después decidimos seguir el viaje hacia el norte otros 50 km, concretamente a Minamisanriku. Esa sí que fue una de las zonas más cercanas al epicentro del terremoto que causó el tsunami de 2011 y aún se notaba mucho. Lo que queríamos ver allí fue un Moai que regaló el gobierno de Chile puesto que allí sufrieron otro tsunami muy destructivo en 2010 (en la zona donde estuve este verano precisamente). Cuando me comentaron que allí había un Moai, pensé que era uno real de la Isla de Pascua, cosa que me parecía muy rara, por supuesto.


Como podéis ver, era demasiado nuevo como para ser uno de los de verdad. De todas maneras, fue curioso verlo. Después me acordé que yo sí había visto uno de verdad, hace 3 años cuando visité el museo Británico en Londres.


Si es que al final está todo conectado. Mucha letra, pocas fotos pero un viaje curioso.


Besos para ellas y abrazos para ellos.