jueves, 30 de junio de 2016

...carbonea (I)

Ya escribí en muchas ocasiones sobre congresos. Tengo que reconocer que, aunque he tenido que cambiar desde que estoy fuera, me cuesta mucho socializar. Así que para mí los congresos están bien, porque se pueden ver cosas diferentes, y enterarse de lo que se cuece por el mundo, pero no me gustan demasiado. Lo bueno que tienen es que, si hay suerte, permiten juntarse con viejos conocidos, y conocer sitios nuevos o revisitar algunos.

El pasado diciembre estuve en Osaka para el congreso anual del grupo japonés del carbono, también conocido como Tanso. Tanso se escribe en kanji como炭素. El primer kanji, , significa carbón. Este kanji contiene el , yama, que significa montaña, y el , hi, que significa fuego. Así que el carbón, según mi interpretación, viene a ser algo como el fuego que se encuentra dentro de la montaña. Para alguien de Asturias, y con familiares y amigos que trabajaron en la mina en distintos puestos, esto tiene todo el sentido del mundo.  El segundo kanji, , significa elemental, y se utiliza para nombrar los elementos de la tabla periódica. Así que al final, tanso viene a ser el carbón elemental, lo que tiene bastante lógica.

De vuelta al tema congresos, aunque en este caso ya conocía Osaka, siempre se puede descubrir algo. Además, al ser un congreso nacional en Japón, quitando unas pocas charlas, el resto son en japonés. De momento, mi nivel no me permite enterarme de todo, y mucho menos de unas charlas sobre materiales de carbono, aunque se pueden seguir más o menos si se sabe un poco del tema en particular. Lo que quiero decir es que siempre se puede uno escapar. Por otro lado, mi jefe, que es el presidente del Grupo Japonés del Carbono, invitó a una chica española para dar una charla en el congreso, así que me tocó hacer un poco de anfitrión en el país cuando los jefazos y jefecillos no podían atenderle.

De Osaka ya hablé en otras entradas, pero al ser una ciudad tan grande, siempre se encuentran cosas interesantes. Dando una vuelta de noche, buscando un sitio donde cenar, me encontré con un par de restaurantes españoles.


Éste está claro que era español.


El segundo, por el nombre, podría ser una taberna vasca, pero se autodenomina marisquería, que podría ser gallega, claro que en el menú hay de todo.



Desde paella a vieiras pasando por una sopa de ajo. Al menos no tenían como recomendación carpaccio, como tengo visto en un restaurante español en Sendai. Eso sí, que no falte el jamón serrano.


Pero lo que me llamó más la atención fue lo siguiente.


Un trozo de la tierra en bolsa…

Por supuesto, aquel día yo no cené en ninguno de estos restaurantes. Y hablando de comida, que ya sabéis que es algo importante para mí, el invierno es la temporada del fugu o pez globo, sí, el que se supone que es venenoso. Al parecer, casi todos los años hay algún caso de muerte por envenenamiento con fugu. Para poder servir este manjar hay que tener una preparación especial y un permiso oficial. En algún sitio creo que leí que lo ideal es dejar un poco de veneno para que se note en los labios al comer el pescado, pero no estoy seguro de ello, aunque no me extrañaría que haya algún esnob por ahí que quiera arriesgarse. En los últimos años han conseguido desarrollar un fugu prácticamente libre de veneno y probablemente la mayor parte de lo que se vende a un precio más normal sea de este tipo. De todas maneras, el veneno se encuentra sólo en ciertas partes y el resto es más seguro. Dicen que el fugu de la zona suroeste de Japón es el mejor, así que una noche fuimos a cenar este pescado. Creo que quizá nos pasamos un poco ya que el menú que elegimos estaba constituido entero a base de fugu. Me dijeron que era fugu de verdad, con veneno, pero por el precio y la cantidad, yo lo dudo bastante.


Lo de la izquierda creo recordar que era algo de cartílago y lo de la derecha son los testículos. Lo que tiene uno que comer para poder contar algo aquí.


Esto es un rebozado, vamos, fugu a la gabardina.


Éste es el plato más típico de fugu, sashimi (pescado crudo) cortado muy fino, casi transparente. En realidad, no tiene mucho sabor. Yo creo que se come más por el tema del veneno y por la textura, pero quizá sea porque no lo sé apreciar bien.


Esto es nabe de fugu. Normalmente llevan los ingredientes en una bandeja y uno se tiene que hacer la comida encima de la mesa. El pescado era tan fresco que cuando trajeron los ingredientes, los trozos de pescado aún se estaban moviendo. En estos restaurantes, mantienen los peces vivos en peceras hasta el momento de preparar los platos. Al terminar de comer la chicha, nos trajeron arroz para echarlo en el caldo.


Como digo, el menú era todo a base de fugu, hasta en la bebida.


Se trata de atsukan (sake caliente) con una aleta de fugu tostada dentro que le da un sabor un poco ahumado.

Voy a dejar esto aquí por ahora, a ver si puedo terminar con esta estancia en Osaka en la siguiente entrada.


Besos para ellas ya abrazos para ellos.

lunes, 30 de mayo de 2016

...visita las hermanas pequeñas

El verano pasado tuve que hacer papeleo en Tokio y también hice una visita a Osaka, así que aproveché para conocer las vecinas pequeñas de las dos grandes urbes de Japón.

Muchas veces me hace gracia porque dicen que Sendai es una pequeña ciudad rural, pero tiene una población de un millón de habitantes, que es el total de la población de Asturias. Las que llamé “vecinas pequeñas” de Tokio y Osaka son Yokohama, con 3.7 millones, y Kobe, con 1.5 millones de habitantes, respectivamente. Tras ver estas cifras, uno entiende por qué dicen que Sendai es rural. Al final, todo depende del punto de referencia.

Yokohama queda al sur de Tokio, en la misma bahía, y es uno de los mayores puertos de Japón. Éste se abrió en 1859, época en la que Japón todavía estaba cerrado al exterior y sólo existían unos pocos puntos de entrada, así que Yokohama se convirtió en la base del comercio con el exterior. Actualmente es la ciudad más grande Japón, si no se considera Tokio como tal (a veces se considera como un conjunto de 23 distritos o municipios).

Uno de los puntos más emblemáticos es la Yokohama Landmark Tower, que con sus 296 metros de altura fue el edificio más alto de Japón durante más de 20 años, hasta 2014.


Aunque el ascensor no es barato, se puede subir hasta una planta de observación a 273 metros de altura, desde donde se tiene una buena vista de la ciudad y el paseo marítimo.



El paseo por la zona de la izquierda que se ve en la segunda foto merece la pena, al menos si hace buen tiempo.





La otra parte más conocida de Yokohama es el Barrio Chino, que nació y creció gracias al comercio con el exterior que comenté antes.




Dejando el barrio chino, caminando hacia el sur, se encuentra la zona de Motomachi, un barrio con un aire muy europeo (una sensación que tuve en general durante toda la visita a Yokohama, exceptuando la parte del Barrio Chino).



Este último edificio me trajo a la memoria alguno de los pocos buenos recuerdos que tengo de Inglaterra.

Poco más adelante, estuve en Osaka y aproveché a visitar Kobe. En este caso no estuve mucho tiempo pero tengo que decir que tampoco me llamó mucho la atención, así que no creo que me perdiera mucho.

Yokohama y Kobe tienen ciertas cosas parecidas. Las dos son puertos de mar situados cerca de grandes ciudades, las dos tienen paseos marítimos,


las dos tienen barrios chinos,



y las dos tienen un barrio llamado Motomachi,


Kobe es mundialmente famosa por dos razones. La primera es por la carne.


Como tiene un precio prohibitivo, lo más que pude hacer fue comerla en un puesto en la calle. Espero que fuera de la de verdad. Al menos estaba bastante buena, que no es decir poco.

La segunda razón por la que Kobe es famosa es por el terremoto de 1995.


Siempre está bien dejar algo para el recuerdo por muy doloroso que sea. Cuando estuve en el Museo de Historia Natural de Londres hice el comentario de que la simulación del terremoto de Kobe me pareció sosa. Ahora, tras sentir muchos terremotos, y haber estado allí, me arrepiento de ese comentario. No he vivido un terremoto tan destructivo como el de Kobe, pero sí las réplicas del de Tohoku de 2011 y algunas de ellas fueron muy fuertes. Lo que se siente no tiene nada de soso.

El título de la entrada es sobre las hermanas pequeñas de las grandes ciudades de Japón, y en tamaño lo son, pero lo cierto es que ambas tienen su propia historia, como todos los hermanos pequeños.


Besos para ellas y abrazos para ellos.

miércoles, 27 de abril de 2016

...sube a los infiernos

En la entrada anterior por fin devolví a mis padres a España, e incluso llegaron sanos y salvos. Como de esto hace ya más de un año, voy a dar un salto en el tiempo para contar el viaje de verano del año pasado con el laboratorio. Creo que ya lo había comentado más veces pero, por si acaso vuelvo a hacerlo. Como tradición en el laboratorio, se hacen dos viajes cortos al año, uno en invierno y otro en verano. Lo organizan los estudiantes de primer año de máster, y se suele hacer una actividad el primer día, pasamos la noche en un hotel con onsen, cena, segunda fiesta en una habitación y vuelta al día siguiente.

El viaje del año pasado fue a 川原毛 (Kawarage), una zona volcánica en la esquina sureste de la prefectura de Akita. Lo primero que visitamos fue la 川原毛大湯滝 (Kawarage Ooyutaki), que viene a ser la “Gran cascada de agua caliente de Kawarage”. Para llegar a ella hay que caminar unos 15-20 minutos desde un aparcamiento al que no creo que se pueda llegar si no es en coche particular. El camino discurre al principio al lado del río que tiene un intenso color verde turquesa debido a unas algas que crecen en la zona.



El camino se separa momentáneamente del río para salvar una pequeña altura y juntarse de nuevo en la base de la cascada de la que hablaba antes. Las aguas dulces del río se mezclan con las ácidas y calientes que surgen de la tierra un poco más arriba así que en realidad, la cascada se convierte en una ducha de agua caliente.


Si se tiene suerte y las condiciones lo permiten (básicamente, que la temperatura de la mezcla de aguas no sea demasiado alta), es posible bañarse. Normalmente, en los onsen hay que bañarse desnudo, pero en este caso es obligatorio el uso del bañador ya que es un sitio abierto. De todas maneras, cuando llegamos, había un señor ya entrado en años según vino al mundo (parece una contradicción). Si se quiere, uno se puede cambiar en unos destartalados vestuarios que hay cerca de la cascada. Yo ya venía preparado, así que no os hagáis ilusiones con las fotos. El agua tenía buena temperatura pero había que bañarse con cuidado igualmente. En algunos sitios los vapores se acumulan y creo que podría resultar peligroso.

De vuelta al aparcamiento, se puede subir caminando al siguiente sitio o bien dar un rodeo en coche. Yo estaba por lo primero, pero el resto no. Así que, subimos mucho más rápido al infierno. El sitio se llama 川原毛地獄 o Kawarage Jigoku, que literalmente significa “Infierno Kawarage”.



El color de la zona se debe a que los gases volcánicos ácidos blanquearon el suelo y no permiten que crezca nada (mientras escribía esta entrada, mantuve una conversación sobre blanqueamiento de partes corporales bastante perturbadora). Aquí va una muestra de cómo esto sucede.


Según los letreros, el lugar es un sitio sagrado y muchos monjes budistas se entrenaron en él. No aclaraban qué tipo de entrenamiento hacían allí y no sé si lo quiero saber (me refiero de nuevo al blanqueamiento corporal).

Al día siguiente, de la que volvíamos a Sendai, paramos en un sitio cerca de Hiraizumi, donde ya estuve varias veces, una garganta por la que discurre un río en el que se puede navegar en barcazas, la猊鼻溪 o Geibikei, algo así como “Garganta Geibi”.


Éste es el final del trayecto en barcaza.


No es que sea un lugar especialmente interesante, pero lo que tiene gracia es ver cómo los japoneses tienen sentido del negocio hasta en sitios como éste. En la orilla opuesta a la roca que se ve en la foto anterior había un pequeño templo (se ve en la misma imagen) y al lado del templo había un puesto en el que se podían comprar pequeñas piedras, unos cantos rodados hechos de arcilla con un kanji grabado. No recuerdo el precio, quizás unos 100 o 200 yenes por un puñado. Para atraer a la buena suerte, había que acertar a meter una piedra en un agujero natural de la roca.


Se ve que la gente lo intenta bastante a juzgar por el color de la roca alrededor del agujero. La foto siguiente es de las piedras que no llegaron al objetivo.


En un país en el que hay máquinas expendedoras en la cima de su montaña más alta, que se vendan piedras para tirar a un río no puede extrañar demasiado. Quizá tengamos que copiar su sentido del negocio.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

jueves, 31 de marzo de 2016

...recibe la mejor visita (VII)

Ya va siendo hora de mandar a mis padres de vuelta a España. Hace un año que llegaron a Japón así que la visita ya se alargó más de lo que pensaba. Así que, para hacer esto un poco más corto, vamos con una entrada con poca letra y más fotos.

El día siguiente a lo que conté en la anterior entrada fuimos a dar una vuelta por los alrededores de Sendai. El primer sitio que visitamos fue Akiu, del que ya hablé en varias entradas, y luego fuimos a ver el Jogi Nyorai, templo del que ya hablé también. Estos dos lugares no son de lo más conocido, ni siquiera si se tiene en cuenta la zona norte, pero a mí me gustan bastante. Después fuimos a visitar Shiroishi, una pequeña ciudad al sur de Sendai. Allí se puede visitar un pequeño castillo cuyo patio de armas merece la pena, sobre todo en primavera.



Tras un pequeño paseo, se puede llegar a una casa de un samurái cuyo interior es bastante sencillo y el jardín no es gran cosa pero el lugar tiene encanto.


Después de ese fin de semana, mis padres volvieron a tener unos días libres hasta el siguiente viernes que fuimos a Tokio. De la capital ya hablé muchas veces así que no hay mucho más que contar. Sí me gustaría poner unas cuantas fotos. La primera es de la estación de Tokio que estuvo mucho tiempo bajo unos andamios para restaurarla.


También dimos una vuelta alrededor del palacio imperial donde se encuentra el parlamento.


Otro de los sitios que me gusta visitar en Tokio es Kappabashi, una zona en la que se venden material de cocina, ya sea a nivel profesional o no. A la entrada de la calle se encuentran estos dos particulares edificios.




Otro de los sitios que visitamos fue el Kabuki-za, el cual mi madre no pudo ver porque lo estaban reconstruyendo completamente. Podría ponerme con un largo párrafo en el que desvariaría sobre cómo pasa el tiempo y cómo se da cuenta uno cuando ve cambiar una ciudad, pero mejor pongo una foto y dejo lo aburrido para otro momento.


Otro de los sitios curiosos de Tokio es el Ameya Yokocho, esto son un par de calles que salen de la estación de Ueno, y donde hay un sinfín de pequeños comercios y aún más pequeños restaurantes. Los fines de semana suele estar lleno de vida e incluso ponen improvisadas mesas en el exterior. A veces no me da la impresión de estar en Japón.



Como se puede ver en las fotos anteriores, muchos de los locales están debajo de las vías del tren así que al bullicio de la gente, los comercios y los pachinko, hay que sumar el de los trenes.

Mi madre ya había estado en Tokio así que decidimos ir a ver Kamakura, donde yo había estado el año anterior con Joan y compañía. Como ya dije en su momento, en esta ciudad hay una calle que me llamó mucho la atención. Desde lo alto de uno de los templos se puede ver.


Si se compara esta foto con la que saqué el año anterior, se puede ver la gran diferencia. Los cerezos habían desaparecido. De nuevo, el problema de las reconstrucciones. Por suerte para mí, en este caso yo tuve la oportunidad de ver la calle antes. La mala suerte es que estoy seguro de que en la época en la que fui con mis padres, hubieran estado mucho más guapos.

De vuelta en Tokio, nos dimos una vuelta por el parque Ueno por si teníamos suerte y veíamos más cerezos en flor, pero ya era un poco tarde. De todas maneras, los árboles tienen su encanto en todo momento.


Aunque en el caso del siguiente árbol, el encanto está un poco más forzado.


El nombre del árbol, según el cartel, es el Pino de Luna, el cual me imagino que le viene de la forma, pero no conozco su historia.

Cuando terminamos el paseo por Ueno, dejé a mis padres en la estación de Ueno de la línea Keisei. Ésta es una línea privada que lleva al aeropuerto de Narita y es una opción más barata que el Narita Express de JR, si no se tiene el JR Pass.

Mejor no me pongo con el tema de despedidas porque también llevaría mucho espacio y quedé al principio en que no habría mucha letra en esta entrada.

Besos para ellas y abrazos para ellos.


De todo, y más, para mis padres.