viernes, 15 de agosto de 2008

...pasa un domingo en Kioto

Como ya dije, quise volver a Kioto para intentar ir a algunos sitios que no pude visitar el año pasado. Una espina que tenía clavada era la visita al santuario Fushimi Inari Taisha. Inari es la deidad de los cereales, así que, teniendo en cuenta la cantidad de arroz que se consume aquí, creo que tiene que tener mucha importancia. Según la guía es uno de los santuarios más venerados de Japón. Este zorro es uno de los mensajeros de la diosa, y en su boca porta la llave del granero, así que habrá que tener cuidado con él.

El santuario es un enorme complejo que se extiende por la ladera de una montaña con varios templos principales y cientos de ellos en miniatura. Pero la característica de este templo es la ingente cantidad de toriis rojos, que se encuentran por todo el complejo. El sendero que recorre la montaña uniendo los templos está cubierto en prácticamente un noventa por ciento por los toriis.

Si alguno ha visto la película Memorias de una geisha, siendo niña, la pequeña Sayuri huye, no me acuerdo de qué o quién, corriendo por uno de los pasillos de toriis como el de la foto anterior. Eso sí, tenía que haberse presentado a las olimpiadas, porque en cuestión de segundos recorrió el camino que lleva desde Gion hasta Inari, y tiene que haber al menos cinco kilómetros. Supongo que habrá que perdonarles por aquello de la licencia poética. Y si después la niña se convierte en Ziyi Zhang, pues con más razón.

Las siguientes horas las pasé recorriendo el santuario, y es que, como dije antes, el recinto es inmenso. Así que, con el calor que hacía, a pesar de estar en un bosque, a la sombra, sudé la gota gorda para intentar ver todo lo que pudiera, sin embargo, llegó un momento en el que tuve que dar la vuelta, porque se me hacía demasiado tarde, para poder ir a algún otro sitio. Pero el paseo mereció la pena, aunque sólo fuera por ver un sitio como este en el bosque en medio de la montaña.

Lo que es curioso es el negocio que tienen montado alrededor de todos los templos en Japón. En este santuario en particular, había máquinas de bebidas por el recorrido, y cuanto más arriba llegabas, más costaba la bebida. Supongo que en todos lados se aprovechan del infortunado turista que, después de la caminata, paga lo que sea por una botella de agua. De todas maneras, no me puedo quejar, porque aquí la bebida es bastante barata. Por una botella de agua de medio litro, en el sitio más caro, fueron unos 190 yenes, lo que es menos de 1.20 euros.

Para terminar con este santuario, aquí os pongo una foto de uno de los mini-templos que se pueden ver por todo el recorrido.

Es casi una obsesión por los toriis.

Relativamente cerca de este templo (en tren), se encontraba el Daigo-ji. Este templo es otro de los lugares declarados patrimonio de la humanidad en Kioto. La verdad es que tenía que ser precioso, lástima que yo no lo pudiera encontrar. Una de las cosas que tiene el salirse un poco de los circuitos más turísticos internacionalmente hablando, es que las indicaciones en inglés, o por lo menos en romaji, son muy escasas. Además, ni la guía, ni el mapa turístico de Kioto cubren esa parte de la ciudad. De manera que me pasé casi una hora buscando el maldito templo, sin éxito. Por lo menos encontré otro, el Zuishin-in. No encontré información sobre él en la guía, pero según lo que ponía en el letrero de la entrada, aquí estuvo una mujer cuya belleza nunca fue superada. Lástima que yo no la vi. Por lo menos os puedo poner una foto del templo.

Después de esto me dirigí hacia el centro de Kioto para comer algo. No tengo foto, pero ya que he estado hablando de comida durante las dos anteriores entradas, deciros que comí yakisoba, que no es más que soba cocida, pasada por la plancha junto con verduras, carne y demás.

A continuación cogí el autobús para ir hacia la zona de Arashiyama (literalmente es la montaña de la tempestad, pero no sé si se traduce así realmente), para visitar el Tenryuu-ji. Durante el trayecto, un señor se dirigió a mí y empezamos a hablar en inglés. Cuando supo que era español, empezó a hablar algunas palabras en castellano, aunque después continuamos en inglés. Resulta que al hombre, de 72 años, le encanta viajar y se puso a estudiar castellano porque ya fue tres veces a España. Decía que le quedaba poco tiempo para visitar todo lo que quería ver, que el mundo es muy grande y que ahora que todos los días son domingo para él, tenía que aprovechar el tiempo. Ciertamente, es una forma de ver las cosas que me gusta.

Volviendo al tema del templo… sí, este sí que lo encontré, y mereció la pena. El Tenryuu-ji es otro de los lugares declarados patrimonio de la humanidad. Como muchos otros de los grandes templos de Kioto, éste también fue una villa, en este caso de un emperador. Al parecer, un sacerdote soñó que un dragón salía de un río de los alrededores, así que interpretó que el alma del emperador no estaba en paz, por lo que levantaron el templo para calmarlo. Yo diría más bien que al sacerdote le gustaba el sitio y asustando al emperador consiguió quedarse con la villa.

La visita al templo se puede hacer en dos fases, por dentro de la construcción principal y por el jardín. No sabría decir cuál de las dos me gustó más. Esta es la entrada a la villa.

Una vez dentro, se hace un recorrido por varias construcciones de madera. Dentro de la sala principal uno se puede sentar en el tatami y disfrutar de la calma que allí se siente.

Y es que, a pesar de la gran cantidad de turistas, nadie alzaba la voz más de la cuenta. Tal vez las vistas al jardín ayudaran a calmar a la gente.

Después de salir de este templo, sólo tenía tiempo de ir a recoger mis cosas al hostal y coger el tren hacia Nagano. Podría terminar aquí el relato del domingo, pero el fin de semana estaba gafado.

El viaje a Nagano, como os dije hace dos entradas, se hace pasando por Nagoya, donde se coge el tren express. Pues bien, si ya el sábado tuve problemas con el tren, este día fue algo increíble. Cuando estaba esperando el tren, vi que la gente ya se iba poniendo a la cola para entrar en los vagones de asientos no reservados. Para mí es mejor coger billetes sin reserva porque, si pierdes el tren siempre puedes coger el siguiente, si se reserva, no. Bueno, el caso es que empezaron a decir algo por megafonía sobre el tren que yo tenía que coger, pero no acertaba a entender nada más. Al principio no me preocupaba, porque el resto de gente no se movía. Pero cuando el tren se retrasaba ya 10 minutos, no sabía qué hacer, porque nunca me había pasado en Japón el sufrir semejante retraso. De todas maneras la gente no se movía, así que allí me quedé, a pie firme. El tren seguía sin llegar, por lo que intenté preguntar, pero la gente que estaba por allí apenas hablaba inglés. Así estuve esperando durante una hora y veinte minutos. Yo sólo podía pensar en cómo me las iba a arreglar para dormir en Nagoya sin nada reservado, así que, creedme si os digo que era el tren más guapo que he visto en mi vida. Al final llegué pasada la media noche a Nagano, sin un sitio donde entrar a cenar y sin nada en la nevera. Menos mal que aquí hay un montón de tiendas de 24 horas donde comprar algún plato precocinado.

Este problema oscureció un poco mi fin de semana en Nara y Kioto, sin embargo, me quedo con las dimensiones del Todai-ji, el paseo bajo los toriis y la paz observando el jardín del Tenryuu-ji.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

miércoles, 13 de agosto de 2008

...pasa un sábado en Nara

A pesar de no ser una ciudad tan conocida como su hermana mayor (en tamaño), Nara tiene mucha importancia en la historia de Japón, ya que fue la primera capital permanente del país. Lo de permanente es un decir, ya que tan sólo fue capital durante 75 años, desde el 710. A pesar de esto es una ciudad con ocho lugares declarados patrimonio mundial por la UNESCO. Durante el periodo Nara se asimilaron muchas de las influencias Chinas fundamentales en el desarrollo de la cultura japonesa, así como la implantación del budismo como religión oficial, la cual convive desde entonces con el sintoísmo.

Bien, después de esta introducción cultureta, voy a pasar a contaros algo no tan interesante, pero al menos tendrá fotos. El sábado me levanté temprano para coger el tren de Kioto a Nara. Una vez allí, me dirigí hacia la zona de Nara-kooen que, según la guía es donde se encuentra lo más interesante, ya que par el resto hay que ir hacia las afueras y en un viaje de un día no era posible.

El Nara-kooen es, como su propio nombre indica, un parque (kooen) muy grande. En él viven más de mil ciervos “salvajes”, considerados antiguamente mensajeros de los dioses sintoístas y actualmente son un tesoro nacional. Caminan a su aire acercándose a los turistas para buscar algo de comida. Y por supuesto, siempre hay un negocio lucrativo para todo, así que, si se quiere, se pueden comprar galletas especiales para ciervos por 150 yenes.

Me dirigí directamente a la atracción principal del parque, el Todai-ji. Construido en el 752, sufrió quemas importantes durante varias guerras. Esto mermó su tamaño, sin embargo, la sala principal de este templo es el edificio de madera más grande del mundo, aunque se calcula que ahora es un tercio menos de lo que fue.

En su interior se encuentra el Daibutsu, o Gran Buda. Es una enorme estatua de Buda, fabricada en bronce y oro que, con sus 16 metros de altura, se encuentra entre las estatuas de Buda más grandes del mundo.

Después de visitar este templo, caminé hacia la sala Nigatsu-doo, a la que hay que llegar subiendo una pequeña colina, lo que significa sudar la gota gorda con el calor que hacía, pero esto fue la tónica general de todo el fin de semana (y de toda la estancia). Aprovecho para comentar que si alguien está interesado en venir a conocer este país, según mi experiencia es muchísimo mejor hacerlo en otoño. Voy a conocer Japón desde julio a noviembre, y el mejor mes fue octubre, aunque dicen que la primavera es todavía mejor época para venir aquí. Además, en verano hay mucho turismo, sobre todo occidental. Ahora que el euro está tan fuerte, resulta relativamente barato viajar a Japón. Así que me encontré una enorme cantidad de españoles durante todo el fin de semana.

A lo que iba, aquí os pongo una foto de la sala Nigatsu-doo.

Lo mejor de esta sala son las vistas de Nara desde su balcón. El estilo me recuerda a una de las salas de Kiyumizu-dera, en Kioto, por la estructura de madera que sostiene a la sala, aunque en este caso no resulta tan espectacular.

Continué mi paseo por el parque entre árboles, ciervos y pequeños riachuelos hasta el santuario Kasuga Taisha, otro lugar declarado patrimonio mundial. Tanto el acceso como el propio santuario está inundado de faroles de piedra y también de metal.

A continuación comencé el camino de vuelta a la estación, pero antes de coger el tren de vuelta, me paré en el santuario Kofuku-ji. El recinto es bastante grande, dejando entrever que en otra época allí tuvo que haber una gran cantidad de edificios, pero como le suele suceder a los santuarios en Japón, el fuego hizo estragos. Sin embargo, todavía se pueden ver varios edificios entre los cuales se encuentra la segunda pagoda más alta de Japón (la primera la vi el año pasado en el Too-ji).

De vuelta a Kioto paré en una ciudad que queda de camino, Uji. Allí se encuentra el Bioodoo-in, un templo también declarado patrimonio mundial, y que además sale en las monedas de 10 yenes. El problema es que se me hizo tarde y ya estaba cerrado cuando llegué, así que sólo pude entreverlo desde fuera.

Sé que la foto no es gran cosa, pero su valor no se ha de medir teniendo en cuenta la iluminación, enfoque y demás, si no en sangre, sudor y lágrimas, y estoy hablando literalmente. La sangre me la chupó un mosquito que no pude matar a tiempo y aún hoy me pica el mordisco que me dio el bicho que parecía un avión. Y es que el templo está al lado de un río, así que con la humedad y el calor ya os podéis imaginar. Del sudor ya hablé antes y de las lágrimas voy a hablar ahora.

Cogí de nuevo el tren en dirección a Kioto. El viaje transcurría sin problemas hasta que nos paramos en una estación. Por la megafonía empezaron a soltar unas cuantas parrafadas, naturalmente en japonés. Cuando ya habían pasado cinco minutos, abrieron las puertas y buena parte de la gente empezó a bajarse. Los turistas occidentales empezamos a mirarnos entre nosotros, con evidentes caras de preocupación. Al final, una chica japonesa, que hablaba algo de inglés, dijo que hubo un accidente en la línea y que no sabían cuánto tiempo iba a estar parado el tren. Nos dijeron que se podía ir por otra línea de tren perteneciente a otra compañía, sin gasto adicional. El problema fue que, desde el punto que nos encontrábamos, no había un tren directo y en esa línea apenas había explicaciones en inglés. Por suerte encontramos un señor que hablaba inglés y que iba hacia la estación de Kioto, así que nos hizo de guía. Menos mal, porque tuvimos que coger tres trenes antes de llegar. Así que ya veis, un poco más y me caen las lágrimas. Espero que sepáis apreciar el valor de la foto anterior.

Cuando llegué a Kioto era bastante tarde, así que me fui a dar un paseo por Gion (famoso por sus geishas). Allí entre en un pequeño restaurante en el que sólo ponían okonomiyaki y de un solo tipo, pero lo mejor fueron mis compañeras de mesa.

Eran un poco calladas, así que no conseguí ligar con ellas.

Volví al hostal dando de nuevo un paseo nocturno. Como había estado sin comer desde las 12 del mediodía, la verdad es que me quedé con hambre después de cenar, así que paré en un puesto ambulante y me cogí lo siguiente.

Esto es takoyaki. Se trata de unas bolas hechas con una masa muy parecida a la del okonomiyaki, pero con pulpo en su interior (tako). Esto es para que los gallegos vean otra forma de preparar el pulpo.

Después de todo un día caminando con el calor que hacía, me encontraba muy cansado, así que me volví al hostal y a dormir, que todavía me quedaba el domingo por delante.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

martes, 12 de agosto de 2008

...vuelve a Kioto

Este fin de semana estuve en Kioto y Nara. Para aprovechar el tiempo como es debido decidí ir el viernes temprano hasta Kioto. Ya había estado en esa ciudad el año pasado, pero me quedé con ganas de volver y visitar algunos sitios a los que no había podido ir por falta de tiempo.

El viaje en tren desde Nagano hasta Kioto no tuvo mucha historia. La mejor manera es ir por Nagoya en un tren express y allí coger el shinkansen hasta Kioto. Además, repetí el alojamiento del año pasado, el Tour Club, que aprovecho para volver a recomendar, porque es el sitio más barato de Kioto, si no te importa compartir habitación con otras cinco personas, dormir en una litera y compartir baño; también tiene habitaciones dobles y triples con baño en la habitación, pero esto no lo conocí, así que no puedo decir nada. Esta vez coincidí con un francés que tenía raíces jaeneses, así que hablé un poco en castellano con él.

Después de dejar las cosas en el hostal me fui a dar una vuelta para buscar un sitio donde cenar. Acabé entrando en un pequeño restaurante especializado en yakitori, que son brochetas de todo tipo.

Te sientas en la barra y, mientras esperas la comida, ves cómo el cocinero la prepara delante de ti. Yo probé de todo, desde costilla de cerdo hasta hígado y alguna cosa que no tengo ni idea de lo que era, pero estaba bueno.

Después me di un paseo nocturno, lo que aquí significa a partir de las siete de la tarde. Caminando hacia Gion, me encontré con un mercadillo que había en el barrio de Higashiyama, que quiere decir literalmente, Montaña del este, y es que está situado en la zona más al este de Kioto, en la base de una pequeña cordillera. El mercadillo era sobre todo de cerámica, aunque también había baratijas de todo tipo y ropa. Pero una cosa que no puede faltar en una fiesta en la calle de Japón son los puestos de comida. Así que esta vez probé un dulce que venía en esta bolsa.

No me digáis que no os comeríais unos bizcochos que vienen envueltos con algo así. La foto de los bizcochos en cuestión me quedó borrosa, así que no la pongo aquí. Espero que os baste con que os diga que tenían forma ovalada y que estaban muy buenos.

Para terminar, os pongo una imagen de Kioto de noche desde el río Kamo-gawa.

El día siguiente iba a ser duro, así que me fui para la cama pronto.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

viernes, 8 de agosto de 2008

...se convierte en pringado internacional

Esta semana se ha marchado Claire la chica americana, así que el lunes fuimos a cenar por ahí, para hacer la despedida oficiosa. Fuimos al primer restaurante al que fui de cena el año pasado con los compañeros de entonces. Ahora sí que logro acordarme mejor de los nombres de las cosas. En este caso se trata de un restaurante especializado en okonomiyaki. Esto son unas tortas de harina, huevo y con cosas dentro, como carne, verdura, calamares, pulpo… un poco de todo, dependiendo de lo que pidas. Junto con la carta te ponen la explicación de cómo tienes que hacer para prepararlo, ya que se trata de un restaurante donde te cocinas tu propia comida.

¿Os aclaráis con las instrucciones? Cada uno de los tipos de okonomiyaki tiene su propia forma de prepararlo y de comerlo. Éste, por ejemplo, se come directamente de la plancha con unas pequeñas espátulas.

Al día siguiente fue la despedida oficial, en la que el la pobre chica tuvo que hacer una presentación de cómo era su universidad en Texas. Espero que no me toque a mí hacer una presentación del Incar, porque no creo que le fuera a hacer muy buena publicidad. Después de la presentación nos dieron un pincheo con una mezcla de productos japoneses y occidentales.

Pero no todo fue comer esta semana. Y aquí es donde quería llegar hoy. Ya es oficial, no sólo soy un pringado en España, ahora tengo mayor categoría, soy un pringado a nivel internacional. Como ya os dije hace dos entradas, estaban haciendo mudanza en los laboratorios. De manera que, el miércoles me cogieron por banda para hacer traslado de unas cajas del despacho del jefazo, que está en un edificio que van a remodelar completamente, a su nueva ubicación. Así que ya veis, además de limpiar, recoger y trasladar cosas en el Incar, ahora también lo hago en su equivalente japonés. No es que me queje de hacer el trabajo sucio, porque además tampoco fue mucho, pero es que este año no me están permitiendo usar mucho los aparatos y si encima me ponen a hacer traslado, pues no me hace mucha gracia.

En fin, ya veis, el que sabe, sabe y el que no, se mete a becario.

Abrazos para ellos y besos para ellas.

jueves, 7 de agosto de 2008

...se va de matsuri

Este fin de semana pasado también me quedé en Nagano porque me dijeron que iba a haber un festival de verano, natsu matsuri, y tenía curiosidad por ver cómo eran.

Durante el día cerraron la calle que va desde cerca de la estación de trenes hasta el Zenkoo-ji, para permitir el paso de una especie de procesiones.

En esta foto se ve como un grupo de hombres y mujeres portan un altar de madera o mikoshi. Si podéis ampliar la imagen, veréis que en los laterales del altar hay dibujado un buey que lleva una sábana enredada alrededor de los cuernos, y una mujer que va detrás de él. Cuenta la leyenda que en una ocasión una mujer, que no creía en Amida Buda, cuando estaba lavando su ropa en el río, apareció un buey. En ese momento, uno de los mejores pañuelos de la mujer se enredó en los cuernos del buey. Éste echó a correr y la mujer lo persiguió sin descanso durante día y noche. De esta manera, llegaron hasta el Zenkoo-ji. Cuando la mujer entró en el templo, pudo ver cómo sobre la estatua de la diosa Kannon se encontraba su preciado pañuelo. La estatua se había convertido en el buey para guiar a la mujer hacia el camino de la Fe que, por supuesto, ella abrazó a partir de ese momento. Así, en todas las tiendas de recuerdos que hay cerca del templo, hay pañuelos y figuras del buey y la mujer.

Volviendo con el tema del festival, por la tarde también había actuaciones de taiko. Aunque ya lo he comentado en este blog, no puedo dejar de mencionar lo que me gusta el sonido y el ritmo de los conciertos de taiko, y sobre todo si los tocan estas seis chicas.

Incluso había un puesto del ejército en el que, supongo, estarían intentando reclutar gente. ¿Qué chico de 18 años (no sé si esta es la edad mínima en Japón) no querría reclutarse en un ejército que utiliza como reclamo esto?

Incluso a mí me dieron un abanico de papel. Espero que no intentaran reclutarme, si ni siquiera me entiendo con la gente para pedir algo de comer, no sería recomendable darme un arma con instrucciones en japonés.

Después de darme una vuelta viendo todo esto, volví a la habitación para dejar unas cosas que había comprado y dormir un poco de siesta, para coger fuerzas para volver al festival por la noche, que por aquí eso quiere decir a partir de las seis y media de la tarde.

Lo que me encontré al volver fue una enorme cantidad de gente caminando por la calle que os comentaba antes, pululando entre puesto y puesto de comida. Yo me aventuré con algunas cosas, como okonomiyaki (una especie de torta de harina con verduras, soja, huevo…), yaki-soba (soba cocida pasada por la plancha) y un yakitori (una brocheta) de calamar. Esto ocurría en la acera, pero en la calzada tenía lugar la actuación del festival. Al principio no me di cuenta de cómo iba el asunto hasta que llegué a la intersección de la calle que sube hacia el Zenkoo-ji con una grande transversal que va hacia las oficinas de la prefectura de Nagano. El festival tenía lugar en estas dos calles, formando una cruz en cuyo centro se encontraba esto.

Por unos altavoces que tenían instalados a lo largo de las calles se escuchaba la música que tocaba este grupo.

Lo que están tocando las mujeres es el shamisen, un instrumento parecido a una guitarra, con tres cuerdas que se tocan con una especie de púa grande. La caja de resonancia es cuadrada y cerrada. Aquí podéis ver y escuchar algo de música de este instrumento.

La gente que desfilaba por la calzada, lo hacía por grupos, bailando al ritmo de la música del grupo de antes. Es como si fueran hermandades. Cada uno de los grupos tenía su propia vestimenta y su coreografía, en algunos casos algo particular. Como ejemplo os pongo esta foto.

Pues sí, es lo que estáis pensando. No es que yo sea un entendido, pero no veáis lo raro que se me hizo ver bailar flamenco al ritmo de música tradicional japonesa.

Cada cierto tiempo se paraba la música para que la gente descansara y bebiera. Cada grupo tenía su propio aguador, e incluso aquí entraba la imaginación de la gente para montar su carro de bebida. En la mayor parte de los casos, sobre todo cuando los grupos eran de gente joven, el aguador se convertía en cerveceador, con lo que cuando estaba terminando el desfile, más de uno acabó tirado por el suelo.

El esquema del recorrido era algo parecido a esto.

La cruz estaba formada por las calles que os comenté antes. En el centro estaba la estructura de la foto de más arriba, y en los extremos de los brazos había unas hogueras.

Todo esto terminó a las nueve de la noche. Así que yo me fui a tomar un par de cervezas por ahí, intentando hablar con los camareros en japinglish y para la cama.

Abrazos para ellos y besos para ellas.

martes, 5 de agosto de 2008

...pasa otro mes en Japón

Una entrada para recordar este día.

Pues sí, hoy hace treinta días que llegué a Japón y me quedan otros treinta hasta que me marche de Nagano.

Sé que este año no estoy siendo muy prolífico con las entradas y que el nivel de friquismo no es el mismo que el del año pasado. No me puedo justificar diciendo que tengo mucho trabajo, porque en realidad este año no es así. Las dos primeras semanas, no podía hacer gran cosa, porque teníamos la Carbon Conference. De todas maneras, la semana de la conferencia se puede considerar como trabajo. Después me dijeron que tenían los aparatos muy ocupados y ahora resulta que están de obras en los laboratorios y estuvieron moviendo un montón de cosas. Por suerte, no me tocó a mí hacer la mudanza. Era lo que me faltaba, además de limpiar y recoger en el Instituto del Carbón, venir a Japón para hacer más mudanzas y limpiezas. Aún no las tengo todas conmigo de que no me manden limpiar algún laboratorio. Justificación de la beca: “retirada de partículas pulverulentas depositadas en superficies metálicas incandescentes”, es decir, “Mire usted: me cogí un trapo y limpié la estufa ¿Le vale?”.

También supongo que este año ya estaba en territorio explorado, así que las cosas tampoco me resultan tan novedosas. De todas maneras, lo bueno que tiene venir aquí es que cada cosa que consigues hacer es un logro y una potencial anécdota para contar. Como yo digo, cuando voy a comer a algún sitio, es como jugar a la lotería: pido mirando las fotos y cuando llega la comida… ¡sorpresa!

Además, este primer mes tampoco he hecho ningún viaje interesante, así que tampoco he podido rellenar el blog con eso. Este mes que entra ya tengo previstos un par de viajes por Japón y una escapada por la prefectura de Nagano, así que espero poder comentar algo interesante.

Gracias a todos los que leéis estas historias.

Besos y abrazos para todos, hoy me siento generoso.

domingo, 3 de agosto de 2008

...captura un premio

El jueves pasado, cuando fui a cenar, me encontré con unos compañeros del laboratorio, y me propusieron ir con ellos a jugar a los bolos. No, esta vez tampoco me disfrazaron de bolo. Pero me gustaría contaros un poco cómo es el centro de ocio donde fuimos a jugar.

El sitio en cuestión se llama Round 1. Se trata de un edificio de 4 plantas donde hay de todo. Según llegas, lo primero que se ve es lo siguiente.

Es decir, una planta entera dedicada a máquinas tragaperras de todo tipo. Un tipo de máquina que gusta mucho por aquí es de esas en las que usas una especie de garra para atrapar cosas. Algunas máquinas de estas, en mi vida las había visto hasta ahora y no sé exactamente cómo describirlas. En muchas de ellas había que ir metiendo unas fichas y simplemente se amontonaban dentro del cuerpo de la máquina e iban arrastrando al resto hasta que caían fuera, y entonces se podían volver a usar.

En la siguiente planta estaba la bolera. Después de jugar un par de partidas de bolos, con el mismo pase que habíamos comprado fuimos al piso de las máquinas de videojuegos. Con ese pase se podía jugar todo lo que se quisiera. Aquí había de todo, desde las típicas de coches y disparos hasta billar. Pero una de las cosas que me llamó la atención fue que tenían un estanque donde podías pescar peces. Pero es que eran peces de verdad. Ya había leído algo de lo que les gusta a los japoneses el tema de la pesca, pero de ahí a tener un estanque en un centro de ocio como si se tratara de otro videojuego más, pues un poco raro sí que me parece. Claro que se trataba de pesca sin muerte. Incluso había un letrero con instrucciones y todo.

Que conste que no intenté pescar nada, los pobres peces deben de tener un estrés encima que ni te cuento. Después de jugar a los videojuegos bajamos a la planta de las máquinas tragaperras, porque con el pase teníamos también una oportunidad en una de las máquinas de agarrar cosas. A mí nunca se me dieron bien estas cosas, pero por una vez tuve suerte y conseguí un peluche.

Por último, comentar que en un sitio como este, las emociones fuertes están a la orden del día y claro, para los corazones sensibles puede ser un problema. Pero por suerte, los japoneses piensan en todo.

Pues sí, un desfibrilador. Espero que los empleados sepan cómo usarlo, porque si no menuda escabechina.

Besos para ellas y abrazos para ellos.