viernes, 16 de septiembre de 2011

…sube a un templo

En la anterior entrada nos había dejado a mi madre y a mí de vuelta a Sendai tras pasar un fin de semana de tres días en Kioto. Al día siguiente, un martes, yo también tenía fiesta, así que pude acompañar a mi madre a hacer una visita. El lugar elegido fue uno que yo aún no conocía, el Hoju-san Risshaku-ji o más conocido como Yamadera que, literalmente, significa El templo en la montaña, y se encuentra (como os podéis imaginar) en medio de las montañas, cerca de la frontera entre la prefectura de Yamagata y la de Miyagi, de la que es capital Sendai. Para llegar allí cogimos un tren que hace su camino entre las montañas con destino final Yamagata. Al principio el paisaje es muy abierto pero llega un momento en que las montañas se cierran sobre las vías y el recorrido discurre por pequeños desfiladeros, con vistas a algunas cascadas en el tiempo que el caminar del tren permite ver.

El templo se estableció en 860 por orden del emperador Seiwa y es una montaña sagrada para la secta budista Tendai. En este templo se encuentra una llama traída del monte Hiei en Kioto, a su vez llevada desde China y que se dice que nunca se ha extinguido desde el momento de su fundación. Esta llama tiene el nombre de Fumetsu no Hoto, La luz inmortal del Budismo. Lo cierto es que yo no vi esta llama, pero aunque hubiera podido verla, no dejaban hacer fotos al interior de los templos.

Al bajar del tren se puede ver el templo y lo que va a haber que subir.

El camino se hace casi todo por unas escaleras por el medio de un bosque de cedros y se van encontrando diferentes santuarios, templos y cementerios. Con el calor y la humedad que hacía, os podéis imaginar que al poco de empezar a subir el sudor se peleaba por salir de los poros de la piel. Aquí podéis ver una pequeña parte de la subida.

Con sólo esta imagen no da para hacerse una idea completa, aquí os pongo otra, pero ni aun así quedará claro del todo.

Esta imagen está tomada desde uno de los santuarios que había y de los que más curiosos me parecieron. Primero la foto y luego la explicación.

En primer lugar, está el tema de las tablas. Son una especie de picas con lo que yo supongo que eran oraciones escritas y una rueda en la parte superior. No tengo ni idea de para qué sirven o qué significan porque era la primera vez que las veía a pesar de haber estado ya en tantos templos. La otra parte curiosa es la pared de arenisca donde se puede ver que alguien está colocando algo. Si lográis aumentar la foto, podréis adivinar que son monedas. De nuevo, no tengo ni idea del significado de esto, pero tal vez un día hable del tema de las monedas y los templos budistas.

La subida no es muy larga, pero después de pasar tres días caminando por Kioto el cuerpo se empezaba a resentir, al menos el mío, porque La Mama estaba fresca como una rosa. Espero que sea verdad lo que me decían de pequeño, que me parecía a ella, porque de mayor quiero ser así. Esto me recuerda que vimos una señora de más de 70 años (aunque me es muy difícil estimar la edad de los japoneses) que iba con la que parecía su hija, el marido y su nieta. Era increíble, subía más rápido que la nieta. Se apoyaba en un bastón pero cuando llegó arriba del todo se le veía con cara de felicidad, como si no hubiera tenido que hacer ningún esfuerzo. Luego, se recorrió todos los templos de la zona superior y cuando se dispuso a bajar las escaleras, cogió el bastón por la mitad y bajó sin utilizarlo, supongo que sería un estorbo. Al final va a ser verdad que la fe mueve montañas y este caso las allana.

Cuando se llega arriba el sudor y el cansancio merecen la pena sólo por estas vistas.

Desde donde está tomada la foto se puede seguir hacia arriba, hacia el templo principal (que no es especialmente guapo) o bien hacia la derecha, pasando al lado del templo que se ve en la imagen y se llega a un mirador desde donde se puede ver el valle.

Cuando terminamos de admirar las vistas bajamos a la estación para coger el tren de vuelta hacia Sendai, pero no fuimos directamente, sino que paramos en Sakunami Onsen, donde hay varios establecimientos de aguas termales y algunos hoteles ponen autobuses gratuitos desde la estación de tren. Cuando nos posamos del tren no sabíamos muy bien qué hacer así que le intenté preguntar con mi mal japonés a un conductor y él muy amablemente me supo indicar que nos podía llevar. En estos hoteles se suele poder entrar a los onsen sin necesidad de estar alojado en ellos, aunque el precio del que fuimos nosotros me pareció un poco alto (1500 yenes por persona, pero no recuerdo el nombre del hotel). De todas maneras, el sitio estaba muy bien. Normalmente, y como es normal, dentro de los baños no se pueden hacer fotos, pero como fuimos tarde y estaban a punto de cerrar (a las 3 de la tarde) ya no quedaba nadie dentro cuando yo marchaba.

Este tipo de baño termal recibe el nombre de rotenburo porque está al aire libre, aunque creo que me repito porque hablé de ello en una entrada no muy lejana en el tiempo.

Como curiosidad, decir que el río que se ve al lado del hotel, si no me equivoco, lo cual es muy posible, es el Hirose, que pasa luego por Sendai y yo vivo cerca de él.

De esta manera terminamos relajados un fin de semana largo dando vueltas por Japón, entre templo y templo. La Mama volvió a enfrentarse ella sola a la semana, esta vez más corta, de martes a jueves. Y allí se fue ella valientemente hacia Nikko, Hiraizumi (donde yo no he estado) y también vio parte de los destrozos del tsunami en Ishinomaki, al norte de Sendai. De todos modos, como yo no estuve con ella, esto no os lo puedo contar mejor.

Espero terminar en la próxima entrada con las visitas con La Mama por Japón.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

viernes, 9 de septiembre de 2011

…visita Kioto con su madre

Veo que la gente está con ganas de conocer más de las aventuras de la Mama en Japón. He recibido comentarios apremiantes para que me ponga a actualizar el blog, así que vamos allá.

El viernes siguiente a la historia que aparece en la anterior entrada, hace ya cuatro semanas, mi madre y yo cogimos el tren para ir a Kioto. Aquí os pongo una foto del interior de la estación, un edificio muy moderno y enorme, con 15 plantas de altura.

En esa ciudad ya había estado tres veces: allá por el 2007, el 2008 y en el 2009. De esta última visita no hay blog porque fueron poco más de un par de semanas y no me dio tiempo a escribir sobre ello. Cuando vine a Japón ese año fue con un programa de intercambio entre el CSIC en España y el gobierno japonés, y el grupo donde estaba por entonces tenía dinero para viajes. Así que vinimos uno de los jefes del grupo, Fabián, y yo. Como aclaración para que no se enfade, aquí pongo jefe porque el propósito principal del viaje era el trabajo, pero los fines de semanas estuvimos en calidad de amigos, ya que tengo la suerte de considerarle como tal. También vinieron su mujer, Mónica, y Bea. El caso es que los cuatro estuvimos un fin de semana en Kioto, donde hice de guía lo mejor que supe.

De vuelta a 2011, esta vez hice de guía para mi madre. El recorrido que hice con ella fue muy parecido al que seguí la primera vez que estuve por aquí. Como en las entradas que escribí por entonces podéis encontrar algo de la historia de cada templo, os remito a ellas (primera y segunda) para más información o la Wikipedia (que seguro que es más útil). En esta entrada me voy a limitar a dar una idea del recorrido y poner fotos nuevas que estarán mejor que las anteriores (eso espero).

Comenzamos el recorrido por el nordeste de Kioto, en particular visitamos uno de mis templos favoritos, el Ginkaku-ji también conocido como el Templo de plata.

En este templo hay un jardín de arena cuya representación del monte Fuji es bastante conocida.

Al salir de este templo nos dirigimos hacia el sur siguiendo el Tetsugaku no michi o Camino de la filosofía), el cual discurre al lado de un canal, que en un momento dado tiene que salvar una diferencia de alturas, así que aquí os pongo un acueducto del que desconozco los datos, pero parecía importante porque la gente le hacía fotos. Creo que este canal lleva el agua del lago Biwa, el más grande de Japón, a Kioto.

Después de esto nos metimos un poco hacia el centro de la ciudad para ver el Heian Jinguu. El enorme torii de la entrada lo podéis ver aquí, pero en la siguiente panorámica podéis ver el templo en sí.

Volviendo hacia el este y subiendo un poco por la ladera de la montaña, fuimos a ver Kiyomizudera, quizá uno de los templos más conocidos y visitados de Kioto.

El último templo que visitamos ese día fu el Higashi Jongan-Ji, que también es patrimonio de la humanidad, pero a ojos de un occidental (por lo menos mis ojos) no es tan bonito como otros templos, pero por suerte la entrada ese día era gratuita (no sé si lo es siempre o sólo ese día en especial). Además, estaba en parte cubierto y dentro estaba preparado para algún tipo de espectáculo, con cientos de sillas puestas en el interior. Lo que sí me gustó de este templo fue este árbol del que, como la botánica y yo estamos reñidos, no os puedo decir qué de tipo es, pero es guapo.

Para terminar la tarde nos fuimos a ver el mercado Nishiki, un mercado de comida en el centro de Kioto del que ya hablé pero no puse ninguna foto, pero me temo que esta vez tampoco lo podré hacer porque no hice ninguna.

El paseo terminó al lado del río Kamo donde había muchos adornos porque estaban celebrando todavía el festival Tanabata.

En este paseo al lado del río nos dieron un papel con lo que se suponía que iban a hacer allí. Por supuesto, el panfleto estaba en japonés, así que lo único que entendí es que iba a pasar algo sobre las 7 de la tarde, por lo que esperamos ya que parecía que iban a hacer algo en el medio del río. A esa hora, un grupo de hombres se metieron en el medio del río y empezaron a lavar unas telas, lanzándolas en la dirección de la corriente, recogiéndolas y azotándolas contra el agua. Así estuvieron una y otra vez durante veinte minutos o media hora. Nosotros esperábamos que fuera algo más, pero no.

Después, cuando nos íbamos en busca de un lugar para cenar, nos dieron otro papel escrito en inglés y resultó que era una exhibición de cómo se lavaban las telas después de tintarlas. Por la noche, cuando volvimos al hotel, mi madre consultó la guía y decía que Kioto era famosa por sus telas, supongo que para los kimonos de las geishas. Aquí tenéis una mezcla de los elementos del Tanabata y las telas.

Y aquí os pongo una imagen de cómo estaba el río por la noche.

Cuando volvimos de cenar en el barrio de Gion (antiguo barrio de las geishas), bajamos de nuevo al río y vimos otro de los elementos del festival Tanabata que al parecer es muy característico pero que no vimos en Sendai.

Esto son las bolas de bambú que están encima de los fukinagashi del Tanabata.

El siguiente día lo dedicamos a la parte este de Kioto. Comenzamos el recorrido por el Nijo-jo un castillo donde residieron los Shogun que gobernaron Japón durante varios siglos. Se puede visitar el interior de los edificios donde hay unas pinturas sobre biombos preciosas, pero que no se pueden fotografiar. Sin embargo, lo que me gusta de este palacio son sus jardines y espero que con esta panorámica podáis apreciar un poco su belleza.

A continuación nos dirigimos hacia el nordeste para visitar tres de los templos más famosos de esa zona. El primero es el conocido como Templo de Oro, por estar recubierto de pan de ese material, o Kinkaku-ji.

El siguiente templo fue el Ryoan-ji, donde está el famoso jardín de piedra que algunos llaman de El tigre saltador. Aquí podéis encontrar una foto que hice hace casi cuatro años, pero en esta foto se ve mejor el jardín.

Pero también tiene unos jardines bastante guapos, con un gran lago en el medio y un árbol que está medio cayendo, también característico de este templo.

El tercer templo fue el Ninna-ji, donde se encuentran algunos edificios del palacio imperial. Uno de ellos es el Kon-do, que es el edificio principal (aunque no el más guapo para mi gusto) del templo. El edificio original data de la era Keicho (1596-1615) y fue trasladado al sitio actual durante la era Kanei (1624-1644).

A continuación nos fuimos hasta el área de Arashiyama, que creo que significa algo así como Montaña de la tormenta, a juzgar por los kanji que forma la palabra en japonés. En esta zona visitamos el Tenryuu-ji. Del templo en sí ya hablé hace tres años, pero aquí os quiero poner una panorámica del jardín y una foto del bosque de bambú.

Ahora ya sé de dónde sacan los bambús para colgar los fukinagashi del festival Tanabata.

Este templo se encuentra al lado de otro río que pasa por Kioto, el Hozu, por el que se puede navegar en pequeños botes alquilados o bien en grandes barcazas turísticas. Nosotros no lo hicimos, no había tiempo, pero me parece que tiene que estar bien darse un paseo río arriba entre estas montañas.

Un apunte sobre los nombres de los ríos en Japón: muchas veces se ponen con el Kawa o Gawa (el sonido “K” a veces se dice como “G” dependiendo de lo que preceda), por ejemplo, en el caso anterior se dice el Hozugawa, sin embargo, considero que poner río delante cuando se pone Kawa detrás es como decir las cosas dos veces. Algo parecido pasa con los montes, Fujiyama es la montaña Fuji. Un caso similar es el de hashi, bashi o kyou, que significa puente y del que a continuación veréis un ejemplo.

Después del comentario ligüístico-cultureta, podemos seguir. Nosotros cruzamos el río por el Togetsukyou o el Puente de la luna que cruza (o algo así).

Como veis, esta panorámica está cogida desde el centro del río, y es que nosotros volvimos hacia el centro por donde veis a la gente cruzar caminando. Supongo que se podría ir a pie porque hacía tiempo que no llovía. Además de acortar camino porque nos fuimos hacia el sur un poco, también sirvió para refrescar los pies, que el día había sido duro aunque en esta zona hacía menos calor.

Por la noche dimos un paseo por el barrio de Gion, donde vimos un cartel muy curioso, no pensaba que pudiera haber alguien así en Japón.

Por si acaso, el cartel dice Pequeño museo de Ukiyoe. Abierto cuando me levanto y cerrado cuando tengo que ir a dormir. Cuando he conseguido suficiente, la tienda se cierra.

Al día siguiente, lunes, la idea era ir a visitar el castillo de Himeji, el cual dicen que es el más bonito de Japón. El caso es que cuando fuimos a comprar los billetes la chica que nos atendió nos dijo que el castillo estaba cubierto por andamios hasta el año que viene por obras de rehabilitación, por lo que decidimos no ir allí. La verdad es que la chica fue muy amable porque si no hubiéramos hecho el viaje casi en balde. Para que no os quedéis con las ganas de ver este castillo, aquí os voy a poner una foto de cuando estuve allí con Fabián, Mónica y Bea hace casi dos años.

El caso es que nos decidimos a ir a Nara, donde yo estuve hace tres años. Pero paramos antes en Uji, una población que queda de camino y donde me picó un mosquito cuando estuve allí, pero aquella vez lo hice después de estar en Nara y no pude entrar en el Byodo-in.

Aunque creo que ya lo comenté, este templo es la imagen que aparece en la cara de las monedas de 10 yenes, y es uno de los más visitados en todo Japón. El precio, aunque ahora no recuerdo exactamente cuánto fue, me pareció un poco alto y además hay que pagar de nuevo, y además coger turno, para entrar dentro de la sala que está en el medio del lago. Ahí se encuentra un buda de madera bastante conocido, pero las explicaciones, aunque dan un folleto en inglés, las dan sólo en japonés. Yo creo que para un extranjero, si no tiene mucho presupuesto ni tiempo, la visita al interior del templo es prescindible. Sin embargo, la vista por fuera y el museo sí que merecen la pena y están incluidas en la entrada.

De Uji nos fuimos hasta Nara donde llegamos un poco tarde ya, así que no nos daba tiempo a visitar mucho, de manera que fuimos caminando bastante rápido para poder ver el Todai-ji, el edificio de madera más grande del mundo.

Dentro de esta sala está el buda más grande en bronce de todo Japón. En algunas ocasiones abren la ventana que está encima de la puerta principal para que se vea la cara del Buda y para que él lo vea todo.

Me temo que esta composición no me quedó demasiado bien, pero en una sola foto era imposible sacarlo entero y hacerse una idea de cómo es.

Después de ver este templo cogimos el tren para volver a Kioto donde habíamos dejado las mochilas y cogimos el tren. Quisimos volver relativamente pronto porque no habíamos conseguido billetes con reserva del tramo hasta Tokio y teníamos miedo de tener que ir de pie durante las más de dos horas que duraba el trayecto. Me temo que no soy demasiado previsor y no vi venir esto, pero hubo suerte.

Esto me recuerda una historia que nos pasó cuando fuimos a la estación de Sendai para coger los billetes para el viaje de ida a Kioto. Como dije en otra entrada, mi madre se había cogido el JR Pass de 21 días, así que fuimos a buscar los billetes con él en la mano, y el chico que nos atendió nos dijo que el pase no valía durante el festival Obon que era ese fin de semana… se nos puso la cara de todos los colores, yo empecé a sudar yenes por todos los poros del cuerpo. Si teníamos que pagar el billete de mi madre también, eso subía a algo más de 40000 yenes que había que sumar a los más de 50000 yenes del pase. Yo no había leído nada de que hubiera ninguna restricción, así que el chico lo repasó y llamó a la que supongo que era su supervisora. La chica llegó y dijo lo mismo (y yo sudando más yenes) entonces se fue un momento a una habitación detrás del mostrador y cuando volvió se deshizo en reverencias y excusas porque se habían equivocado. El alivio fue tal que hasta me pareció que había refrescado el tiempo. Luego sacó los billetes y cuando me estaban diciendo el recorrido me di cuenta de que nos habían dado para el tren Nozomi, el cual no se puede coger con el JR Pass, así se lo hice saber a la chica tras lo que hubo más reverencias y disculpas.

Y esto fue todo de este fin de semana. Volvimos de lunes porque yo tenía fiesta, el festival Obon que son dos días, pero el martes tenía pensado trabajar aunque al final no lo hice más que un rato por la tarde, porque por la mañana estuvimos por ahí, pero eso es material para otra entrada. Una nota del festival Obon: es un festival en el que se honran las almas de los familiares fallecidos y sus almas vuelven durante un tiempo al reino de los vivos. Es curioso como una y otra vez se encuentran similitudes entre culturas tan diferentes ya que eso me suena con el día de Todos los Santos. Incluso aquí también van al cementerio ese día.

Bien, esta entrada ha quedado un poco larga, pero si la dividía en partes, entonces seguro que no llegaba a escribir todo lo que tenía que contar. Seguiré con la historia de mi madre en Japón en otro momento.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

...festivalea con su madre

Como veo que las aventuras de la Mama en Japón tienen bastante interés, voy a empezar con ellas.

Lo malo es que lo primero que puedo contar es una desventura, pero empecemos por el principio. Mi madre salió de Oviedo un jueves por la mañana para llegar al aeropuerto de Haneda, en Tokio, el día siguiente a las 6 de la mañana. Yo decidí ir a buscarla al mismo aeropuerto para lo que tuve que coger un autobús nocturno que tardó siete horas en llegar a Tokio a la misma hora que el avión (podéis echar cuentas a ver a qué hora salí de Sendai), luego tuve además que coger un tren y un monorraíl (esto es para darme un poco de coba y que veáis lo buen hijo que soy). Pero esta no es la desventura. Cuando llegué al aeropuerto y estaba esperando por mi madre con la cámara en la mano para darle la bienvenida, salió una chica que se dirigió directamente hacia mí. Entre su inglés y mi japonés entendí que la maleta de mi madre se había quedado en París y que necesitaban una dirección donde enviar la maleta que llegaría al día siguiente a Tokio. Como no nos íbamos a quedar ese fin de semana allí, le di mi dirección en Sendai por lo que me dijo que en lugar del sábado, nos llegaría el domingo. Adelanto aquí que la maleta llegó sin ningún problema y además no la inspeccionaron, para mi alivio, ya que los quesos que venían en ella llegaron sin problema. Lo mejor de todo es que mi madre, que no sabe hablar en inglés, se acabó entendiendo con las azafatas y el personal de tierra entre francés, italiano y spanglish.

Después de solucionar este incidente, cogimos los correspondientes trenes para volver a Sendai. Aquí tengo que decir también que, y no es por darme más bola, me dejé una pasta en viajes en tren. Para mí, el modo más cómodo de viajar aquí es utilizando el tren bala o shinkansen, pero también es el más caro, dicen que incluso más caro que el avión en según qué trayectos y según qué ofertas. Mi madre se cogió un JR Pass de 21 días que le servía para coger cualquier tren de la compañía JR (excepto el Nozomi, un tipo de shinkansen que hace la línea hacia el sur desde Tokio) que viene a ser la Renfe de aquí. Este tipo de pases sólo los pueden coger los que entran en el país como turistas, así que yo no puedo ya que estoy aquí con visado de trabajo.

Llegamos a Sendai a la hora de comer, cosa que hicimos, siendo la primera comida japonesa de mi madre en Japón (aunque luego terminaría comiendo con palillos casi sin problema, no utilizó cubiertos ni siquiera esta primera vez). Y luego llevé a mi madre a mi apartamento para que descansara un rato y yo me fui a trabajar hasta por la tarde. Ese fin de semana no nos quedamos en Tokio porque era el festival Tanabata en Sendai, del cual hablé un poco en una entrada anterior. En este tipo de festivales se pide por mejorar las habilidades técnicas y artísticas. La leyenda dice que la princesa Orihime, que tejía muy bien, un día conoció a un pastor, Hikoboshi, que vivía al otro lado de un río, el Amano. Tras casarse, Orihime descuidó sus tareas de tejedora por lo que su padre, el rey Tentei, se enfadó y condenó a los dos amantes a vivir separados, pudiendo verse nada más que una vez al año, el séptimo día del séptimo mes del año (en el calendario antiguo japonés, con lo que en el gregoriano es el séptimo día de agosto), si la princesa completaba su trabajo. Cuando llegó la primera vez, la princesa se dio cuenta de que no existía un puente para cruzar el río, así que lloró tanto que una bandada de urracas se apiadó de ella y le prometieron construir un puente con sus alas cada año (siempre que no lloviera, caprichosas ellas) para permitirle pasar el río y reunirse con Hikoboshi. En esta leyenda, el rey es el Rey Celestial, Orihime es la estrella Vega y Hikoboshi, Altair, separados por el río que es la Vía Láctea.

Me estoy dando cuenta de que estoy escribiendo una parrafada impresionante sin haber puesto ninguna foto. Así que continúo con nuestra historia. El festival Tanabata de Sendai al parecer es el más importante de Japón y ese viernes eran los fuegos artificiales, que tenían lugar en una parte del río que no queda demasiado lejos de mi apartamento, así que nos decidimos a ir a verlos. Nos quedamos un poco lejos, pero se veían bien y no nos molestaba el ruido. Lo malo fue que había mucha humedad y la noche estaba muy pesada, de manera que el humo de los fuegos no se despejaba bien y llegó a tapar varias veces el espectáculo, el cual duró sobre hora y media. Por suerte aún pude sacar alguna foto salvable de la quema (nunca mejor dicho).

Sobre esta última foto, decir que las caras que se ven, en directo eran caras sonrientes, pero al tener que bajar la velocidad de obturación de la cámara, quedaron como una especie de caras maléficas con pinchos. Que sepáis que estas fotos están tomadas sin trípode, así que vuelvo a darme coba por tercera vez en esta entrada (me estoy pasando) para decir que no han quedado nada mal a pesar de todo.

Por cierto, decir que me gusta mucho la palabra japonesa para fuegos artificiales, que es hanabi (花火), literalmente, flor de fuego.

Los dos días siguientes los dedicamos a descansar y a ver un poco el festival. Lo más representativo son los Fukinagashi, cuya traducción es serpentina, al menos la que pone el diccionario, pero es algo diferente de lo que entendemos nosotros por tal.

Esto simboliza los hilos que usa Orihime para tejer. Como se puede ver en esta foto, los fukinagashi están colgados de una rama inmensa de bambú, y es que esta es la manera de decorar las calles en este festival, colgando cosas de ramas de bambú. La bola de la parte superior de los fukinagashi se llama kusudama y parece no tener más significado que el de hacerlo más bonito. Estas bolas están hechas de una bola de entramado de bambú y recubiertas con flores de papel.

Que sepáis que mi madre se lanzó a hacer una de estas flores de papel, justo la que está colgando la mujer de la foto. Así que mi madre contribuyó a hacer más bonito el festival. La verdad es que el trabajo que hace la gente para decorar las calles durante el festival es inmenso ya que cada uno de los fukinagashi está decorado de manera diferente. De todas maneras, parecía que cada uno de los comercios ponía los fukinagashi que quedaban delante. Los había de todos los colores y con todo tipo de decoración, desde los más trabajados a los que estaban hechos de simples tiras de plástico.

Otro de los ornamentos que se pueden ver son los senbazuru, literalmente, mi grullas de papel. Esto son riestras de grullas de papel que simbolizan el deseo de una vida larga y tranquila. Además de las grullas que preparaban en Sendai se recibieron muchas de otros sitios del país y del resto del mundo en señal de apoyo por el terremoto y tsunami del 11 de marzo.

Esto que os pongo aquí tal vez no sea el mejor modelo para ver las grullas pero, no sé muy bien por qué, había cuatro cosas como esta y estaban vigiladas día y noche por guardias, así que supongo que eran importantes. Llamaban la atención las ristras de grullas muy pequeñas que se juntaban unas con otras formando casi un continuo. Una muestra de ello.

En el recuadro os pongo una imagen del detalle de las grullas, aunque no se vea demasiado bien.

También están los tanzaku, trozos de papel en los que se escriben deseos y se cuelgan de las ramas más pequeñas de bambú.

Había también otros elementos, como kimonos y bolsos de papel, pero los que yo os comento quizá sean los que más llamaban la atención a ojos de un extranjero.

La pena es que me gustaría poner muchas fotos para poder enseñaros la cantidad de modelos diferentes de fukinagashi, pero aunque pudiera, no llegaríais a haceros una idea de la cantidad de ellos diferentes que había ni del colorido de las calles.

El domingo por la tarde habíamos quedado con uno de los jefes intermedios en el laboratorio que estoy trabajando porque nos había invitado a ir con él a ver unos fuegos artificiales en un pueblo cercano a Sendai del que ya me he olvidado del nombre. También fue con nosotros el otro chico español que está en el laboratorio y que conoce bastante a la familia del jefe. También fue la secretaria del laboratorio que es de una edad parecida a la de mi madre y sabe hablar un poco de francés, así que se entendieron bastante bien. Los fuegos fueron más cortos pero nos gustaron más que los del viernes en Sendai. También ayudó que el jefe había preparado una barbacoa y estuvimos comiendo mientras veíamos los fuegos.

Al día siguiente, un lunes, el festival continuaba pero yo tenía que trabajar, así que dejé a mi madre a su aire, que disfrutara ella sola del festival. Esa semana, de martes a miércoles ella se recorrió la ciudad y se fue a varios sitios de visita desde aquí, como a Matsushima, bahía de la que hablé en otra ocasión. Lo peor de todo esto es que a partir de ahora ya no se va a decir “¡Eh! Mira a Berto qué bien se las arregla en Japón”, a partir de ahora va a ser “¡Eh! Mira a Carmen, que bien se las arregló por Japón ella sola que su hijo la dejaba abandonada”.

El siguiente fin de semana, en Kioto, pero eso lo dejo para otra entrada, que ésta ya ha quedado muy larga.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

lunes, 29 de agosto de 2011

...da la chapa

Ya estoy aquí, ya he vuelto y como dice el título, voy a dar la chapa.

Supongo que los que hayan leído la anterior entrada estarían esperando que hablara de las aventuras y desventuras (más de lo primero que de lo segundo) de mi madre por tierras niponas. Sin embargo, antes de ponerme con eso, me gustaría comentar un viaje que hice justo antes de que llegara ella.

Esto fue a comienzos de agosto, pero un mes antes fue cuando mi jefe me comentó que si quería podía ir a una especie de miniconferencia en un sitio cercano. Como no suelo decir que no a nada, pues ahí me lancé aunque sabía que el trabajo que llevaba no era gran cosa. Pero bueno, como de trabajo no voy a hablar, pues no pasa nada. Sólo decir que la chapa que… perdón, la presentación que di no me salió demasiado mal en cuanto al inglés, el contenido es otra cosa.

Así que el primer martes de agosto me fui con otros dos compañeros del laboratorio a esta miniconferencia que se celebraba en Zaō, un pueblo en las montañas de Yamagata prefectura aledaña a Miyagi, a unos 70 kilómetros al suroeste de Sendai. Para llegar allí fuimos en un autobús que ponía la organización. Así llegamos al hotel donde compartí habitación con otros tres chicos.

Y la panorámica siguiente es lo que se veía desde la habitación.

Este sitio es conocido por dos cosas, sus onsen (baños termales) de aguas sulfurosas y sus montañas que se pueden disfrutar todo el año, incluyendo el invierno con sus estaciones de esquí.

En uno de los intermedios de la miniconferencia los cuatro que compartíamos habitación nos fuimos a uno de los famosos onsen. Estos sitios son un poco diferentes de lo que nosotros conocemos como baños termales, son más casuales sin tanta parafernalia, son simplemente unos baños públicos donde se va a relajarse e incluso charlar con amigos. De cómo utilizar estos baños ya hablé hace casi cuatro años, así que no me repito. El caso es que, como se entra desnudo (aunque los hay mixtos, lo normal es que las zonas de hombres y mujeres estén separadas), no se pueden utilizar cámaras, pero aquí está una foto de un póster del onsen que nosotros visitamos.

En este caso, este baño recibe el nombre de rotenburo por estar al aire libre. El sitio se encuentra en un valle secundario muy estrecho a la orilla de un río y al parecer cierra por el invierno por culpa de la cantidad de nieve que cae.

Al día siguiente, después de terminar con las charlas, algunos de los asistentes fuimos a dar una vuelta por la montaña para lo que cogimos un teleférico para coger un poco de altura. El día no estaba mal del todo, pero una vez que fuimos subiendo nos fue tragando la niebla.

Cuando llegamos arriba no se veía absolutamente nada, así que mejor no pongo una foto de eso. Después de desmontar del teleférico dimos un paseo de una hora aproximadamente por la montaña, pasando por dos pequeños lagos y luchando con los mosquitos que amenazaban con hacerme pasar una noche rascándome las piernas. El calor era considerable, pero mucho más llevadero que en Sendai.

Como podéis ver (bueno, tal vez intuir) en estas panorámicas los bosques japoneses son muy densos, con una vegetación baja muy abundante. Me pregunto quién sería el primero en abrir los senderos por estas montañas, porque realmente tuvo mucho mérito.

De vuelta al teleférico la niebla había despejado un poco y pudimos ver un poco de las bonitas vistas cuando comenzamos el descenso de vuelta al hotel.

La historia puede terminar aquí porque el resto del día fue volver a Sendai en autobús, así que no tiene mucho interés.

Espero poder ponerme pronto con la siguiente entrada para poder rendirle el merecido homenaje a mi madre.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

jueves, 4 de agosto de 2011

…recibe a alguien especial

Pues sí, mañana llega alguien muy especial a Japón. Llega esa mujer que no es mujer, es Mamá. Así es, mi madre se ha decidido, se ha liado la manta a la cabeza, la maleta a la mano y los billetes en la mochila para venirse un par de semanas de vacaciones.

Concretamente llegará al aeropuerto de Haneda a las 6 de la mañana. Así que yo, como buen hijo que soy (cómo me quiero… ¿quién iba a decirlo si no?) voy a ir a Tokio a recogerla. El caso es que no hay ningún tren que me lleve a tiempo para llegar a recogerla tan temprano, y aunque los hubiera, salen muy caros, así que me tengo que coger un autobús nocturno que sale a las 11 de la noche de hoy para llegar a Tokio a las 6 de la mañana del día siguiente. Un viaje de siete horas que en shinkansen lleva menos de tres.

Además, este fin de semana hay festival en Sendai, el Tanabata, del que ya comenté algo en la anterior entrada, pero comentaré algo más cuando escriba sobre la visita de mi madre. A lo que iba es que el lunes, tanto a mi madre como a mí, nos van a tener que coger con pinzas, pero todo será por una buena causa.

Como esta entrada va a ir sin foto, aquí tenéis un enlace a la del año pasado cuando fueron mis padres a Londres ¡ufff… cómo pasa el tiempo! hace un año estaba allí con ellos y ahora aquí… en fin. Por cierto, si alguien se lo está preguntando, no, esta vez mi padre no puede venir. Tiene vez para el médico en agosto desde hace tiempo y el calor no es bueno para él. A ver si se anima más adelante. O eso, o que tenía ganas de estar de Rodríguez un tiempo.

Así que aquí queda constancia de la llegada a Japón de mi madre. Ya os pondré al corriente de sus aventuras y correrías por este país.

Besos para ellas y abrazos para ellos.