martes, 23 de octubre de 2007

…pasa el fin de semana en Kioto (II)

El sábado me levanté temprano y, después de tomar un desayuno estilo inglés en una cafetería japonesa cercana al hostal, me fui en autobús hasta las cercanías del templo Ginkaku-ji, el Pabellón de Plata. Construido originalmente en 1482 como una villa, la primera intención era la de cubrirlo de plata en contraposición al templo Kinkaku-ji (cubierto de oro), pero de éste hablaré más adelante. La idea se abandonó y la villa se convirtió en un templo.

Quizás porque fue el primer templo que visité en Kioto, por su sencillez o por sus jardines, pero creo que este fue el sitio que más me gustó de Kioto. El recorrido por sus jardines te llena de paz a pesar de la cantidad de gente que había incluso a esas horas de la mañana. Una constante en los jardines que hay en los alrededores de los templos es la presencia de lagos artificiales pero con una apariencia que hace preguntarte si realmente lo son o, por caprichos de la naturaleza, se formaron de esa manera. Otro elemento bastante característico en los templos de Kioto es el de los jardines zen, es decir jardines de arena y piedra.

Por cierto, este templo es uno de los 17 lugares de Kioto declarados patrimonio mundial por la Unesco.

Tras visitar este templo, situado al nordeste de la ciudad, me dirigí hacia el sur, a Nanzen-ji. Me dirigí hacia allí, a pie por el Tetsugaku no michi, el camino de la filosofía.

Un paseo de media hora, a la vera de un canal de agua, alargado por la visitas a Honnon-ji y Otojo-ji. Dos pequeños templos cercanos al paseo, situados en la ladera de la montaña que queda al este de la ciudad. Por no ser tan conocidos, están menos concurridos y se pueden disfrutar tranquilamente.

El Nanzen-ji es un templo bastante grande, pero yo me quedo con el paseo que proponía la guía a un lugar de peregrinaje, cercano al templo principal. Caminando unos diez minutos por una senda que se interna en las montañas se llega a este punto.

Por lo visto, bajo esta cascada se sientan a meditar algunos intrépidos peregrinos incluso en invierno. Yo tuve la suerte o la desgracia de no ver ninguno, me hubiera entrado frío sólo de verlo, y eso que hacía buen tiempo y una temperatura fresca pero agradable.

Después de esto me desvié un poco hacia el centro de Kioto, hasta el Heian-jinguu. Esto es un complejo de templos sintoístas que se construyó en 1895 en conmemoración del 1100 aniversario de la fundación de Kioto. Sin embargo, quizás lo que más sorprenda es el impresionante torii de acero que hay en la entrada.

Tras una breve visita a este santuario, me volví otra vez hacia el este, en dirección al templo Chion-in. Por el camino me paré en un restaurante para comer algo. Allí entablé conversación con un hombre occidental que estaba terminando de comer, pero me costó mucho hablar con él. Empezó a preguntarme si había dormido en un llos jostoo, hasta que me di cuenta de que se refería a los albergues juveniles (youth hostel) tardé un buen rato y cuando le pregunté de dónde era me dijo que de Gasha, volví a tardar un buen rato hasta que supuse que se trataba de Rusia. Otro acento más para la saca. Aquí quiero remarcar que no me estoy burlando del acento de la gente de otros países, porque el mío debe ser penoso. Es una simple muestra de las dificultades que me encuentro a la hora de comunicarme, sobre todo cuando estás acostumbrado a oír japoneses y te cambian el acento.

Después de este paréntesis lingüístico me acerqué hasta Chion-in, en el que se encuentra la entrada a un templo budista, san-mon, más grande de todo Japón.

En este templo di una vuelta por los jardines, donde se encuentra la campana más grande de Japón, 17 monjes son necesarios para hacerla repicar, ríete tu del botafumeiro de Santiago.

En estos jardines entré en un pequeño templo secundario, para lo que tuve que descalzarme. Cuando salí y me senté para volver a calzarme, se sentó al lado mío un hombre, japonés, que empezó a hablarme. Es increíble lo que se puede hablar cuando los interlocutores ponen empeño en hacerlo. Entre mi pobre japonés y gracias a la gesticulación, logramos charlar un poco de lo guapo que estaba el bosque en otoño y de lo difícil que es el japonés.

Después de este templo continué mi paseo hacia el sur paseando por unas calles estrechas y empinadas atestadas de gente que va de tienda en tienda de recuerdos. También te puedes encontrar con una estampa como siguiente.

Podría jactarme de haber visto a una geisha o, en el dialecto de Kioto, una geiko, sin embargo dudo mucho que esta mujer lo fuera. Había un fotógrafo haciéndole fotos y estaba a la vista de todo el mundo. Según leí en el blog de Yito y Vito, existen empresas que se dedican a vestir a mujeres a la manera de una geiko y luego se pasean con un fotógrafo detrás, para hacer un álbum de fotos de ese día inolvidable en el que se convirtió por unas horas en una geiko.

Mi paseo me llevó a Kiyomizu-dera. Probablemente no os suene de nada, pero este lugar estuvo nominado para ser una de las nuevas siete maravillas del mundo. Además es otro de los emplazamientos incluidos en la lista del patrimonio mundial de la Unesco. Se trata de un complejo de templos y pagodas en un recinto situado en la ladera de las montañas del este de Kioto (Higashiyama). El templo original fue construido en 798, pero la parte más característica es el Hondo, construido en 1633 sobre el bosque, siendo un ejemplo de la arquitectura kake-zukuri, es decir, una especie de voladizo sustentado por cientos de pilares de madera.

Desde el balcón de este edificio se tiene una bonita vista de la ciudad de Kioto. Debajo del Hondo está la Otowa-no taki, que más o menos viene a ser la cascada de Otowa y fue el origen del templo, ya que aquí un monje budista vio a la diosa de la misericordia Kannon. Beber el agua sagrada de la cascada tiene propiedades curativas, así que yo no fui menos y probé el agua milagrosa. De momento no siento nada especial.

Continuando mi peregrinación particular hacia el sur llegué a Sanjuusangen-doo. Este es un templo/palacio construido en 1164 y reconstruido, tras sufrir un incendio, en 1266. El edificio es estrecho y alargado, y en su interior alberga 1001 estatuas de la diosa Kannon (de la que acabo de hablar). Su nombre hace referencia a los 33 (sanjuusan) tramos entre los pilares del edificio. La estatua principal, de mayor tamaño, está flanqueada por 500 estatuas a cada lado. Aparentemente las estatuas son todas iguales, pero si uno se fija en los detalles, se da cuenta de que cada una posee alguna característica que la diferencia de las demás. Cada estatua, de madera de ciprés, tiene mil brazos. Tal vez sea una exageración, porque en realidad tienen 40, pero cada uno salva 25 mundos, así que de esa manera sí salen las cuentas. Además, situadas enfrente de las 1000 estatuas hay otras 28 de deidades guardianes de todo tipo. Lamento no tener ninguna imagen de cosecha propia pero no dejaban hacer fotografías en el interior.

Cuando salí de este edificio ya se estaba haciendo de noche, así que me volví en dirección norte, siempre al este de la ciudad, hacia Gion. Este es un barrio internacionalmente conocido por ser donde se encuentras algunas de las casas de té donde trabajan las maiko y geiko. Merece la pena acercarse a este barrio de noche, porque es quizá cuando mejor luce. Dejé atrás la calle principal atestada de gente, tanto turistas como autóctonos, y me encontré de sopetón con una serie de callejones estrechos que representaban a la perfección la imagen que se tiene del Japón tradicional. Suelos empedrados, casas de madera y canales de agua.

La verdad es que se respiraba una paz que resulta increíble teniendo en cuenta el bullicio que había dos calles más allá. Ahora si puedo decir que tuve la suerte de ver una geiko por la calle, aunque no pude hacerle ninguna foto que le haga justicia, por lo que no voy a ponerla aquí. De hecho, viendo la prisa que mostraba a pesar de la gente que intentaba hacerle alguna foto, me pareció que era una violación de su intimidad intentar sacarle más fotos, así que decidí no intentarlo.

Tras dar un largo paseo por Gion, rehíce el camino hasta Kiyomizu-dera para poder disfrutar del camino sin apenas gente. Por el camino me encontré con esto.

Esta es la pagoda Yasaka. Quizás si la hubiera visto de día no me hubiera llamado tanto la atención, pero iluminada de noche tenía un encanto que difícilmente lo tendrá de día.

Tras este paseo nocturno volví al hostal. Camino de él di un pequeño rodeo para poder poner la nota friki del fin de semana.

Por si no lo veis bien, creo que logré solucionar ya lo de que se puedan ver las imágenes en grande. Resulta que en Kioto nació Nintendo, que supongo conoceréis todos. Al parecer, antes de ser una empresa puntera en consolas y videojuegos, Nintendo empezó como una empresa dedicada a fabricar juegos de cartas, y aún lo sigue haciendo. Encontré el edificio gracias a las indicaciones del blog de kirai. Está un poco apartado de los edificios turísticos, así que hay que tener un grado alto de frikismo para dar con él, sobre todo por el frío que hacía y que no tenía jersey (había dejado la sudadera en el hostal).

Hasta aquí el sábado de este intenso fin de semana. Un gran día entre templo y templo. Mi cuerpo empezaba a resentirse porque fueron casi catorce horas caminando casi sin descanso, y aún me quedaba el domingo.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

lunes, 22 de octubre de 2007

…pasa el fin de semana en Kioto (I)

Vaya, creo que voy a ir un poco retrasado con este diario. Hoy, lunes 21, he estado repasando algo de papeleo y no me ha dado tiempo para escribir nada, así que voy a empezar a describir mi estancia en Kioto y hasta donde pueda llegar.

El viernes por la mañana, antes de venir al trabajo, empaqueté en mi mochila un par de mudas, la cámara de fotos y, sí ya lo sabéis, mi querida guía Lonely Planet. Seré pesado y estaré haciendo publicidad gratis, pero tengo que reconocer que hasta ahora no me ha fallado en mis pequeñas excursiones por este país. De esta manera, por la tarde después de trabajar (recalco este hecho por las dudas de alguno, aquí vuelvo a amenazar con otra entrada sobre curro), me fui a la estación para estar casi cuatro horas metido en dos trenes hasta Kioto, vía Nagoya.

Saliendo a las horas que salí de Nagano, llegue a Kioto de noche. Pero ese fue un buen momento para ver en todo su esplendor un símbolo de la modernidad de esa ciudad frente a toda la historia que encierran sus edificios milenarios.

La Torre de Kioto es probablemente el edificio más alto de Kioto, aunque no tengo el dato concreto, así que no me hagáis mucho caso. Tampoco sé si se puede subir, pero ya tuve bastantes edificios altos en Tokio. Tras hacer esta foto nada más salir de la estación de Kioto (otro edificio moderno impresionante, pero siento decir que no tengo ninguna foto como es debido) apenas me dio tiempo para ir al hostal en el que tenía reserva para las dos noches. El Tour Club es un sitio muy recomendable para viajeros solitarios así como grupos, ya que tiene dormitorios de varios tamaños, a pesar de lo pequeño que es, y sobre todo resulta muy recomendable su precio, apto para viajeros con pocos posibles. Si vas en grupo se puede estar en una habitación con intimidad y si vas solo, puedes entablar conversación con gente de todo el mundo. En mi caso estuve charlando con un escocés, aunque no sé cómo lo hicimos, con mi mal inglés y su acento. Cuando yo le pedía disculpas por mi nivel de inglés, él se disculpaba también por la misma razón.

Creo que por hoy voy a dejarlo aquí. Ya sé que es una entrada muy corta, pero prefiero dejar el sábado para una entrada (o dos) aparte.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

jueves, 18 de octubre de 2007

…se mueve por Nagano

Hacía tiempo que quería hablaros del medio de transporte que más uso por las calles de Nagano.




Así es, se trata de una típica bicicleta japonesa. El segundo día después de llegar a Japón, mi jefe me dio unas llaves diciéndome que podía usar esta bicicleta, que pertenece al laboratorio, mientras estuviera por Japón. Los primeros días no la pude usar y, si os preguntáis por qué, la respuesta se encuentra en las siguientes imágenes.


Aquí está el planteamiento del problema: tengo una bici con un candado y unas llaves y la única información es que la llave que hay que usar es la plana. Ahora es cuando os podéis reír de mí, estuve cuatro días intentando abrir el maldito candado…sí, cuatro días. Claro, soy un hombre, no podía preguntar cómo diablos se abría, sobre todo después de haber quedado como un idiota con lo del agua caliente. Al final conseguí abrir el dichoso candado, después de intentarlo de un montón de maneras. Hay que meter la llave en una ranura, pero además hay que moverla lateralmente mientras se desbloquea el cierre. El problema era que estaba algo oxidado y quedaba atascado, con lo que no sabía si lo estaba abriendo bien o me iba a cargar la llave. Además, la llave se queda dentro del candado, pero eso no lo sabía, así que al ver que no podía sacar la llave una vez abierto, pensaba que algo había hecho mal. Al final pude usar la bicicleta, y desde entonces la empleo todos los días para venir a trabajar. No vivo muy lejos de la universidad, pero caminando me lleva unos 10 minutos aproximadamente y en bici estoy en un par de minutos. Además me sirve para ir al centro, que está un poco alejado.

Las ciudades japonesas son muy apropiadas para andar en bicicleta. Japón es un país muy montañoso, pero las ciudades, por lo que vi hasta ahora, se sitúan en los valles que son muy llanos. Así que no se necesita demasiado esfuerzo para andar en bicicleta. Además, tienen bastantes sitios donde aparcar las bicis. La siguiente imagen es de uno de los aparcamientos que hay al lado de la estación de trenes de Nagano.



En otros sitios vi edificios de aparcamientos para bicicletas. Uno de los problemas al dejar ahí la bici es recordar dónde la aparcaste, porque hay un montón iguales. En una ocasión no me acordaba y estuve cinco minutos paseando por el aparcamiento. Pero me reconforta que no soy el único (mal de muchos consuelo de tontos, pero ayuda), no hace mucho vi a un tío todo desesperado por el aparcamiento y se notaba que no sabía dónde había dejado la bici.

Espero que mi pelirroja no se enfade conmigo y comprenda que un hombre necesita algo entre las piernas durante dos meses. Desde aquí un homenaje a mi pequeña pelirroja.



Besos para ellas y abrazos para ellos.

martes, 16 de octubre de 2007

…pasa un domingo en Nagano

El domingo volví a quedar con los chavales del trabajo. Esta vez fuimos a un festival que había aquí mismo, en Nagano, en la calle que une la estación de trenes con el templo Zenkoo-ji. En estos festivales, en japonés matsuri, se suele pedir por distintas cosas, como evitar desastres naturales o por tener una buena cosecha.




El danzante de la imagen representa a un kirin o león japonés, pero no tengo ni idea de la simbología del baile y tampoco lo sabían los chavales con los que iba. También portan sobre los hombros unos altares de madera o mikoshi.




La verdad es que uno puede comparar esto, salvando las distancias tanto físicas como culturales, con los pasos de semana santa. Al final todos somos humanos y provenimos del mismo origen.

Además de estas costumbres religiosas, en el festival había multitud de eventos culturales, lúdicos y de entretenimiento puro. Algo por lo que tenía curiosidad era ver en directo una actuación de taiko, que son los tambores japoneses, y no me quedé con las ganas.



La música puede parecer monótona, pero a mí me gusta mucho. En una ocasión leí que la música de sonidos graves y rítmicos levanta el ánimo porque se asemeja a los latidos del corazón, y ésta lo consigue.

También estuvimos viendo un espectáculo de un malabarista. El tío hacía maravillas con un paraguas de papel. Girando dicho paraguas, mantenía rodando pelotas y anillos sobre él. Llegados a un punto del espectáculo buscó a un conejillo de indias para que lo ayudara… ya os imagináis a quién cogió… al único gaijin que había por allí cerca.



Después del festival me llevaron a un onsen natural, es decir un balneario, o quizás sea más adecuado llamarlo spa, ahora que está tan de moda en España. En Japón, como todos sabéis, hay mucha actividad volcánica, por lo que existen multitud de onsen naturales. La verdad es que yo tenía mucha curiosidad por ir a un baño japonés, ya fuera natural o no, y por fin tuve la oportunidad. En estos sitios hay que descalzarse a la entrada y luego se pasa al vestuario, donde hay que desnudarse, quedándote nada más que con una pequeña toalla. Después se pasa a una zona de duchas, pero son unas duchas un poco particulares, hay que ducharse sentado delante de un espejo. Una vez limpio ya te puedes meter en el baño. En el onsen que estuvimos había varios baños interiores, pero nosotros salimos al exterior. Allí te puedes quedar relajado durante un buen rato sentado dentro del agua, con el ruido de fondo de una cascada artificial, pero el resultado era el mismo que si fuera natural y, lo mejor de todo, disfrutar las vistas, porque la parte de atrás del onsen daba a una ladera de una montaña poblada por un frondoso bosque en el que se adivinaba el inicio del otoño. Así que allí nos pasamos un buen rato, entre el agua caliente sulfurada, la sauna y el agua helada.

Algo que me llamó la atención es el pudor relativo de los japoneses, y me explico. El vestuario era compartido y además había una mujer dentro limpiándolo y nadie se extrañaba. Sin embargo, cuando caminaban para ir de un baño a otro, llevaban una toalla enana tapándose de una manera un tanto precaria. En fin, un nuevo conocimiento sobre la cultura japonesa.

Siento decir que no tengo fotos del momento onsen, ya sé que alguna lo estaba deseando, pero la humedad ambiental era demasiado alta como para meter la cámara.

Por cierto, para los que creen que estoy engordando con tanta comida, decir que me pesé en la báscula del vestuario y di 79.5 kilogramos. Teniendo en cuenta que en el último reconocimiento médico pesé 86 kilogramos, creo que me está sentando bien la comida de por aquí. De hecho, el otro día tuve que arreglármelas con un punzón, que encontré en el laboratorio, para hacer un agujero más en el cinturón que me traje de España.

Por la noche fuimos a casa de uno de los chavales para cenar nabe, que básicamente es una olla en la que se calienta agua y se echan a cocer verduras, setas, carne, tofu… allí comí por primera vez el nattou, es decir, granos de soja cocidos y fermentados.


Tengo que reconocer que es la primera comida japonesa que no me ha gustado nada. Y no es por la textura viscosa, sino por su sabor. No sé cómo explicarlo, pero dejaba un regusto amargo que no iba conmigo. Dicen que es muy nutritivo y bueno para la circulación sanguínea, pero creo que de momento paso.

Bueno, esto es todo sobre un fin de semana relajado en Nagano.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

lunes, 15 de octubre de 2007

…pasa un sábado en Nagano

Este fin de semana decidí quedarme en Nagano, sobre todo después de la paliza que me di la semana pasada por Tokio.

Me levanté bastante tarde, bueno, tarde para lo que me levanto habitualmente, las 9:30, porque había quedado con unos chavales para dar una vuelta. Me llevaron hacia la zona de Togakushi, de la que ya os hable en otra entrada. Por cierto, ahora está más avanzado el otoño que cuando yo fui y está mucho más guapo, con los colores típicos de esta época del año.



Allí hay museo dedicado a la soba. Soba son una especie de fideos hechos a partir de una mezcla de harina de trigo y trigo sarraceno, o por lo menos eso es lo que pone en los folletos y en la wikipedia. Se trata de un alimento muy popular en Japón, y en la prefectura de Nagano se prepara la mejor soba del país, al menos eso fue lo que me dijeron, claro que los chavales son de la zona. En el museo en cuestión no se trata sólo de ir viendo imágenes o los distintos artefactos que se usan para su preparación, sino que se trata de hacerlo uno mismo. Así que ahí nos pusimos los cuatro que íbamos a preparar esos fideos.

En primer lugar se mezclan los dos tipos de trigo añadiendo poco a poco agua. Luego se amasa con las manos preparando finalmente una bola. A continuación se extiende esa bola encima de una tabla, con ayuda de un listón cilíndrico de madera.



La foto no tiene muy buena calidad, pero esta vez tengo excusa, no la hice yo. La torta que resulta, después de mucho enrollar y desenrollar la pasta en torno al listón, se dobla varias veces y luego se cortan los fideos.

Al final te cuecen la soba que te acabas de preparar y te la comes, dando como resultado esto.



En resumen, otro tipo más de restaurante en el que tienes que prepararte tú mismo la comida, llevado hasta el extremo. Lo cierto que es que te pasas un rato entretenido preparando soba.

Aquí tengo que hacer un apunte de cómo hay que comer soba. La primera vez que lo hice fue en un restaurante de Matsumoto, cuando fui con Nacho el fin de semana que estuvimos por estos lares. La bandeja que me trajeron fue esta.



Lo de arriba a la izquierda es tempura. La forma de comer soba es verter las verduras y el wasabi (no sé si hay traducción para esta palabra, pero es una especie de pasta muy picante) en un cuenco donde hay una salsa (creo que de soja), que es lo que hay en la esquina inferior izquierda. A continuación se van cogiendo los fideos de soba con los palillos, se remojan en la salsa y se comen. Fácil… Pero, como se suele decir, el que no sabe es como el que no ve. Cuando la comí por primera vez, lo que hice fue comer en primer lugar la verdura, a continuación el wasabi (a pelo, así que tuve que beber agua entre medias) y luego vertí la salsa sobre la soba. Lo mejor de todo es que la soba se sirve sobre unos recipientes que tienen una rejilla de bambú y sin culo, con lo cual se me fue toda la salsa por el fondo, menos mal que estaba la bandeja. Cuando me hicieron la fiesta de bienvenida, el plato que pusieron fue precisamente soba y, cuando los vi a todos comerla como os conté antes, me di cuenta de que algo había fallado en mi forma de hacerlo en Matsumoto. No os imagináis lo que se han reído de mi cuando les conté lo que me había pasado en aquella ocasión.

Después de este museo volvimos a Nagano y fuimos a una zona que se llama Kawanakajima. Aquí tuvieron lugar cinco batallas entre samuráis en el siglo XVI, en las que se enfrentaron los clanes liderados por dos importantes daimyo (señores feudales) de la época: Uesugi Kenshin y Takeda Shingen. Actualmente, hay un parque en la zona y un museo que recuerda esas cinco batallas. Lo malo es que se trataba de un museo en el que se exhibían sobre todo paneles informativos que, por supuesto, estaban en japonés, así que me enteré de muy poco.

Para terminar el día nos fuimos a una especie de sala de juegos, en la que la atracción estrella era una zona para practicar con el bate de beisbol. El beisbol es uno de los deportes más seguidos en Japón, supongo que a partir de la dominación americana posterior a la segunda guerra mundial. Pues allí me tenéis intentando acertarle a una condenada bola, lanzada por una máquina, con un bate de beisbol por primera vez en mi vida. Ni que decir tiene que, de quince bolas, acerté a tres y de refilón. La verdad es que es más difícil de lo que pensaba, de todas formas, todavía no le cogí gusto a esto del beisbol, creo que se lo dejo para los yanquis.

Y hasta aquí el sábado de este fin de semana tranquilo.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

viernes, 12 de octubre de 2007

…se va de tabehodai

Después de la anterior entrada que me salió bastante ñoña, os voy a contar cómo me fui ayer de cena con los compañeros de trabajo.

Una de las cosas que me gustan de Japón es la cantidad de restaurantes diferentes que hay (no sé si esto ya lo puse en alguna otra entrada), así como tipos diferentes de menús. Ya os había hablado de las dos veces que fui de cena en plan de beber todo lo que se quiera. Pues ayer me fui en plan de comer todo lo que se quiera. Esto recibe el nombre de tabehodai, cuya idea se puede traducir como comer tanto como quieras por xxxx yenes; en el caso de beber lo que se quiera se dice nomihodai. En japonés, comer se dice taberu y beber nomu, pero no sé lo que significa exactamente hodai.

Bueno, en la práctica, cuando pides un menú tabehodai, se limita a un tipo de comida. En nuestro caso éramos cuatro y cogimos dos menús diferentes, uno era algo así como sabu-sabu y el otro sukiyaki, los dos con carne de cerdo y de buey. En ambos casos hay que cocinar uno mismo la comida en unas cacerolas. En el primer caso la cacerola contiene agua y se trata de verter verduras de todo tipo en ella y luego coger con los palillos las lonchas, muy finas, de carne y cocerlas (sabu significa cocer). Una vez cocidas, para lo que se tarda apenas unos segundos, se pasan por una salsa y se come.


En el segundo, se vierten las verduras y la carne en la cacerola, pero con poco agua y una especie de salsa, después se bate un huevo en un cuenco, que se llama sara. A continuación se va comiendo pasando la carne por el huevo batido.



De esta manera vas comiendo todo lo que quieras siempre dentro del menú que has pedido durante un tiempo prefijado, que en el restaurante al que fuimos era de dos horas. Y lo que me resultó más increíble fue el precio, 2700 yenes, que al cambio son unos 16.50 €. Ya me diréis dónde encontráis un restaurante en España por el que cenes por ese precio, y encima todo lo que quieras.

Bueno, como ya dije en otra entrada, aunque no recuerdo cuál, ya veis que, al contrario de lo que pensaba alguna gente, no estoy pasando hambre por estos lares.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

…pasa la primera mitad de su estancia en Japón

Ayer hizo el día número 33 desde que llegué a Nagano y me quedan otros 33 días. Así que a partir de ahora la cosa va cuesta abajo. Hasta el momento no he sentido demasiado la morriña, lo cual me parece que es bueno, teniendo en cuenta la lejanía y la soledad, aunque uno siempre tiene altibajos. La verdad es que no he tenido mucho tiempo para sentirla. Por semana trabajando y los fines de semana intentando conocer un poco este país. Porque, aunque alguno no se lo crea todavía, el objetivo principal de estos dos meses era trabajar. Ya me gustaría a mí tener dos meses de vacaciones para dedicarme a viajar por Japón.

Esta entrada era sólo para recordar de alguna manera esta fecha. Y también aprovecho para agradeceros a todos los que habéis leído el blog, vuestro apoyo. Ya sé que sólo son dos meses, y pasan rápido, pero el escribir esto y que alguien lo lea, me ayuda a recordar todo lo que estoy viviendo. La parte mala del asunto es que no voy a tener muchas cosas para contar cuando vuelva, ya que, en el blog, estoy escribiendo casi todo lo que hago. No sé, a partir de ahora debería guardarme algunas cosas para hacerme el interesante…

Por cierto, que sepáis que, aunque no los conteste, leo todos los comentarios que hacéis, así que tener cuidado con lo que decís.

En fin, gracias por todo.

Besos para ellas y abrazos para ellos

(Si alguna quiere abrazos o alguno quiere besos, que lo diga, tengo de todo)